Opinión
Martes 04 de Abril de 2017

Los cabuleros

Integran una fauna simpática, aunque son ridículos, absurdos, intempestivos, un poco agobiantes, a veces tremendistas, irracionales también, pero se puede decir que sin los cabuleros (los supersticiosos según la acepción argentina) el mundo no sería igual.

Integran una fauna simpática, aunque son ridículos, absurdos, intempestivos, un poco agobiantes, a veces tremendistas, irracionales también, pero se puede decir que sin los cabuleros (los supersticiosos según la acepción argentina) el mundo no sería igual. Para todo tienen una manía distinta y todo lo que hacen está en prevención de un futuro poco venturoso.

Si entra un pájaro a una pieza, habrá noticias (generalmente malas), ni hablar de gatos negros, lechuzas, perros negros (estos son buenos), entrar a un lugar con el pie derecho, no tirar la ceniza dentro de un plato, no pasar la sal, llevar ropa interior colorada, encomendarse a los santos antes de zambullirse en la selva de la calle, orejear los naipes, tirar los dados con la mano derecha (o la izquierda), tener todos los días un número para la quiniela, apostarle a los caballos según el jockey, o según el color de su chaquetilla, y así tantas y tantas otras excentricidades por el estilo, cualquiera puede agregar la suya e insistir con eso hasta darle categoría de fenómeno a ocurrir si no se hace tal cosa.

Debe ser pesado cargar con una mochila así todo el tiempo. Habría que preguntarse cuáles son los miedos detrás de esa exacerbada profilaxis del destino. Porque el supersticioso hace de esas cábalas un bastón que le ayuda a transitar una vida que, quizás, le resulta demasiado pesada, o por ahí se inventó ese sistema de leyes no escritas imposibles de romper para espantar el vacío existencial. De lo que no hay duda es que para ellos termmina transformándose en una actividad excluyente que demanda los sentidos alerta a fin de anticipar algunas desgracias.

Mejor si no pasa, desde ya, pero, tanto trabajo, ¿para qué?, si al fin y al cabo, uno es un papelito en el viento.

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