Opinión
Viernes 16 de Diciembre de 2016

Llevando a la nena a la escuela

No es buena idea aparecerse con el auto en el microcentro entre las 7.15 y las 8.30. Hay que dejar a los chicos en la escuela, se sabe.

No es buena idea aparecerse con el auto en el microcentro entre las 7.15 y las 8.30. Hay que dejar a los chicos en la escuela, se sabe. El transporte escolar sale más barato que el psiquiatra. Pero no, hay que ir, estacionarse en triple fila, acordarse de decirle a la nena que le diga a la maestra "lo que hablamos" cuando la nena ya recorrió treinta metros, se abraza con las compañeritas entre risas y grititos y no puede escuchar a la madre/padre que desanda el camino para hacerse entender. Eso cuando no se olvida de nada pero tiene que abrir el baúl para sacar la mochila rosa (azul, negra, con la cara del Capitán América, Hulk o los Cinco Fantásticos, para no amarretear) ante la enorme desesperación de veinte autos, colectivos y taxis que le preceden.

Es un ejercicio diario que muestra que el problema se va a repetir hasta la exasperación, invariablemente. Es que esa larga fila que se arrastra tortuosa por el asfalto rosarino decorado con pinturas abstractas (¿qué quieren indicar todas esas líneas y cruces finas, gruesas, anaranjadas, verdes, blancas?) está integrada por conductores que ya vienen castigados por calzadas angostas, calles cortadas, vallas.

No importa, mañana me desvío dos cuadras antes y empalmo justo con la cuadra del colegio. Error, la fila de autos, colectivos y taxis que se impulsan a fuerza de bocinas ya está esperando. Una vuelta manzana va a ser lo mismo y usar una calle paralela empeora la situación.

No hay vueltas. Si la nena va a una escuela del centro, mejor que vaya en un transporte. El chofer de la combi se dedica a eso y conoce todos los trucos. Y si ni aún así zafa, le queda la resignación de que no tiene escapatoria.

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