Opinión
Domingo 07 de Mayo de 2017

Llamada local: El día que apagaron la luz

—¡Qué vergüenza!

—¿Y hoy qué le pasa?

—¿No vio el papelón por las luces en la ciudad de Santa Fe?

—No sé muy bien.

—Me contó un amigo, que integra las Brigadas Socialistas para el Cambio, que el intendente Corral cortó la luz cuando iban a inaugurar una obra.

—Si, acá también llegó eso. Pero vaya a probarlo.

—Lo que no se puede negar es lo que pasó.

—¿Y qué pasó?

—Iban a inaugurar unas luminarias en una plaza y los dejaron sin energía.

—Habrá sido un desperfecto casual.

—Mire, por atrás se dice otra cosa.

—¿Y qué gana el intendente con eso?

—Marcarle la cancha al gobierno provincial.

—¿Eso no fue después de que ese hombre anunciara que no va a ser candidato a diputado nacional?

—Si, pero puede haber empezado su campaña para la Gobernación del 2019.

—No vaya tan rápido.

—Los que corren son los políticos. Ese Corral podría empezar por que lo conozcan más allá del puente colgante.

—¿Vio que Lifschitz insistió con reformar la Constitución?

—Si, para permitir su reelección.

—No diga eso. Para actualizar la Carta Magna santafesina.

—¿No sería mejor que se ocupara de la gestión que ya tiene?

—Es que después podría ser tarde para aspirar a otro mandato.

—¿Y uno solo no es suficiente?

—Parece que no.

—¿No dicen que el poder los desgasta? Que gobiernen cuatro años y después se vayan.

—Usted no entiende nada de política.


Abrí la puerta que me fugo

—Oiga, me parece que no lo entienden.

—¿A quién?

—A uno de esos presos que se fugó en Villa Constitución?

—¿Por?

—Se quiere ir.

—Eso es obvio. Los siete que se fueron querían lo mismo.

—Pero uno de ellos tiene una insistencia especial con el temita ese de la libertad.

—¿Usted cree?

—¿No le dieron una salida transitoria en 2013 y se olvidó de volver?

—Si. Pero lo recapturaron el año pasado.

—¿No me diga que fue después de intensas tareas de inteligencia policial, ja?

—Así las llaman.

—Bueno. ¿Ahora volvió a escaparse? ¿Qué no les queda claro? No quiere estar preso.

—Tiene que cumplir una condena todavía.

—¿Pero qué culpa tiene si no le pueden garantizar su detención?

—No es tan así. Se fugó de una unidad transitoria último modelo.

—¡Pero si se fueron por la puerta! De paso, ¿sabe por qué la llaman ciega?

—Supongo que es porque no ve cuando se van los presos.

—Ahora usted también se hace el gracioso.

—Creo que rompieron esa puerta, salieron a un patio y usaron una escalera.

—¿Y qué hacía una escalera en una celda?

—Ni idea.

—¿No será que ponen cámaras para controlar y se olvidan de esos detalles?

—También saltaron un cerco.

—¿Y nadie vio eso? Ya sé, no me diga nada, fue durante el cambio de guardia.

—Si, a la madrugada.

—¿Y los guardias que hacían?

—Uno miraba las cámaras y los otros dos vigilaban los módulos.

—¿Sólo había tres? ¿Y nadie se dio cuenta?

—Bueno, pero los recapturaron a todos.

—Pero no fue por las tareas de inteligencia.

—No, alguien llamó a los policías que los buscaban.

—¿Y quien tiene el teléfono de los policías?

—En Villa debe ser así. En Rosario no pasa lo mismo.

—A propósito, ¿no aparecieron los ocho que se escaparon hace una semana?

—¿Esos que primero eran diez y después nueve? Ni noticias.

—¿Qué le pasa a la policía que está tan vulnerable a las fugas? ¿No estarán haciendo ejercicios policiales?


Acérquenme a los vecinos

—¿Me explica por qué la intendenta ahora dice que quiere estar cerca de los vecinos?

—Nada. Eso. Anda por los barrios.

—¿No se acordó medio tarde?

—Está en menos de la mitad de su segunda gestión.

—Pero hay cosas que pareciera descubrir ahora

—Usted no la quiere, evidentemente.

—Me dicen mis amigos de Rosario que no es muy bien recibida en la periferia.

—Córtela. Antes era por las obras del centro, ahora la critica por los barrios. No le perdona una.

—Es genial lo de los colectivos. Los juntaron en una calle y ahora los desvían, ¿es cierto?

—En parte. Están tratando de descongestionar.

—Y me dijeron que con los últimos cambios, varias líneas vuelven a doblar sobre las bicisendas, algo que se había querido evitar con el cambio anterior.

—No sabría decirle.

—Oiga, ¿sabe si ya pusieron más semáforos de piso, esos que cuestan una fortuna?

—Me parece que no. No escuché más nada.

—Me imagino lo seguros que deben sentirse los rosarinos que caminan por la peatonal mirando el celular. ¡Eso es vida! —Guárdese las gastadas.

—¿Y los baños transparentes del Castagnino? ¿Tiene fotos?

—No, los clausuraron.

—Qué macana. ¿Y ahora dónde va la gente que quiere ir al baño?

—Supongo que hará recorridas más cortas.

—¡Me había ilusionado tanto con eso! Siempre me gustaron las rosarinas y el baño era una buena ocasión.

—Descuide, ya se las va a ocurrir alguna otra cosa.

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