Opinión
Jueves 20 de Julio de 2017

Lifschitz, el relato y la plata

Claves. El gobernador Lifschitz logró respaldo amplio en su cruzada para que el gobierno nacional pague lo que ordenó la Corte. Pero, además, utilizará esa acreencia para perfilar el relato provincial.

Miguel Lifschitz busca afanosamente un relato que le ofrezca visibilidad y espesor a una gestión que lo muestra yendo de acá para allá, con corte de cintas constantes y anuncios de todo tipo y especie.

La decisión del gobernador de reunir al heterodoxo arco político santafesino detrás de una causa noble, como es reclamar lo que a la provincia le corresponde, persigue también un objetivo político innegable, y que tiene que ver con ese relato aún en ciernes: alambrar Santa Fe.

¿Qué quiere decir alambrar Santa Fe? Desde la década del 90 en adelante la provincia tuvo poco y nada que ver con los gobiernos nacionales de diferente signo político que se estacionaron en Balcarce 50, salvo algún tramo de la gestión de Carlos Reutemann durante el menemismo y de Jorge Obeid durante el kirchnerismo. Pero, el Lole fue el principal vocero de esa estrategia de autonomía política que siguieron Hermes Binner y Antonio Bonfatti.

Lifschitz encontró en la decisión de la Corte Suprema de fallar a favor de Santa Fe (en los pleitos contra el Estado nacional por la detracción de recursos coparticipables para financiar la Ansés y la Afip) una especie de tigre de papel para llevar adelante su estrategia de diferenciación del gobierno nacional que, ni de lejos, saldará lo adeudado en el corto plazo.

La tercera vía

Entre los oficialistas nacionales hay dos visiones sobre el derrotero de la polémica. Algunos creen que lo mejor es encontrar un punto de acuerdo con Lifschitz para mostrar hacia afuera que el gobierno de Cambiemos no hace distingos por coloraturas políticas. Es más, en la tirria cotidiana con el peronismo, que ensancha la grieta día a día, algún lector de la política podría pensar que hasta le conviene al presidente de la Nación mantener una relación afectiva y afectuosa con el Frente Progresista. Pero no ha sido así.

La última vez que Macri y Lifschitz se vieron cara a cara fue el 20 de junio, durante el acto central por el Día de la Bandera. "Se vieron cara a cara", es sólo una forma de decir. La relación pasó de ser pésima a lánguida. No se miraron durante los pocos minutos que duró el acto. "No hay onda, no hay affectio societatis entre el presidente y el gobernador de la provincia de Santa Fe", se escribió en la crónica de ese día en LaCapital.

Por estos tiempos, nadie podría pensar en un cambio abrupto de la relación. Son tiempos preelectorales en los que cada uno defiende su juego, y todo está teñido (o desteñido) por la campaña. Es lo que le dijo por los medios José Corral a Lifschitz, quien, a su vez, logró dejar fuera de foco al intendente de la capital provincial. De hecho, Corral fue el gran y único ausente en la exitosa convocatoria del gobernador. "Se nota que Lifschitz tiene plata", dicen cerca del presidente de la UCR, aunque no especifican los fundamentos de esa aseveración.

"Santa Fe está desalambrada, acá no somos Macri -dependientes como Corral", vocean cerca del titular de la Casa Gris, quien inaugura obras y recorre la provincia pero, al mismo tiempo, busca interpretar los números de las encuestas de cara a las elecciones a diputado nacional.

Una característica común en todos los frentes políticos santafesinos que se aprestan a competir es la ausencia de certezas. Las empresas que han salido a encuestar durante los últimos días se encontraron con niveles altísimos de "no sabe/no contesta", como una demostración empírica de que la sociedad está en otra cosa, no en el día a día de la campaña.

El desembarco de Elisa Carrió la semana pasada puso en escena los problemas que Cambiemos tiene a la hora de hacer conocidos a sus precandidatos, algo que obligó a extremar los controles para que Jorge Boasso juegue en otro redil. Lilita actuó durante su paso por la provincia como si la candidata fuese ella y no Albor Cantard, Luciano Laspina o Lucila Lehmann. A propósito: crecen versiones sobre el ofrecimiento a Mario Barletta de la embajada en Uruguay.

Desde esta columna se anticipó hace mucho tiempo que la estrategia de la Casa Rosada sería jugar con el valor de marca de Cambiemos, y no con referencias individuales. Sin embargo, contradicción mediante, ahora el macrismo necesita de la presencia de Carrió para concentrar la opinión de los medios y llegar al potencial votante. A veces no alcanza solamente con las redes sociales y los decálogos de Jaime Durán Barba.

Es todo un interrogante a develar cómo será la realidad electoral en las primarias. Al no haber en Santa Fe una pelea directa e inflamada entre el gobierno nacional y el peronismo, el socialismo tendrá que ingeniárselas para colarse en el primer lugar y no repetir la muy mala performance de Hermes Binner en las presidenciales de 2015.

La nueva realidad política santafesina muestra a un sector del radicalismo aliado al PRO y a muchos independientes que históricamente votaron por el Frente Progresista mirando hacia otro lugar. Será ampliado en otro momento, pero no es neutral el cambio de situación en la provincia: el socialismo fue visto durante casi 12 años como una barrera infranqueable para el kirchnerismo. Desde 2013 pasó a compartir ese rol con el PRO. ¿Irá mutando de piel hasta mixturar discurso con el peronismo? Quien lo escuche atentamente a Luis Contigiani dirá que sí.

Pero el peronismo, antes de pensar en políticas de alianzas, debe resolver sus cuitas. Y en eso andan Agustín Rossi y Alejandra Rodenas. Las estrategias y los discursos hacia las elecciones de octubre serán diferentes según gane una u otro.

A poco más de 20 días de la Paso, lo único seguro es que nadie tiene asegurada la victoria. Algo más que un juego de palabras.

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