Opinión
Miércoles 01 de Febrero de 2017

Las recovas murmurantes

Dos jóvenes hablan de esa forma íntima que precede al sueño y de una cama a otra alguien hace un resumen de la jornada, o comenta algo que quedó en el tintero horas y el otro hace las acotaciones pertinentes.

Dos jóvenes hablan de esa forma íntima que precede al sueño y de una cama a otra alguien hace un resumen de la jornada, o comenta algo que quedó en el tintero horas y el otro hace las acotaciones pertinentes. Salvo que las voces cantarinas no provienen de un dormitorio sino de la vereda bajo una recova de la esquina de Córdoba y Mitre. Un mínimo decoro impide una mirada plena, así que es el rabillo del ojo el que aporta míseros datos; que son dos, que son jóvenes (más por el timbre de voz que por otra cosa), que para ellas ese espacio es privado. Las luces de la vidriera contigua no les molesta, la cama es alguna caja grande alisada, lo más probable pedida en alguno de los comercios de electrodomésticos de mitad de cuadra. Están vestidas con ropa que no evidencian su "situación de calle" (eufemismo oficial usado hasta el hartazgo) y no parecen ser pobres de extrema pobreza, ¿qué hacen, a qué se dedican?

Son distintas, las dos chicas, al común de la población de las otras recovas, donde en invierno se llenan de bultos tapados íntegramente por frazadas.

Ellas se acuestan con las cabezas a centímetros de la cortina de seguridad y dejan los pies para el único costado libre. Los policías que pasan caminando o en esos autitos eléctricos apenas le dirigen una mirada sin interés, no representan un peligro u otra cosa sospechosa.

La vidriera de al lado muestra pantalones, remeras, cinturones, billeteras, remeras y sigue convocando a los clientes aunque no los haya, tan avanzada está la noche. La que las acompaña en su cama de cartón está apagada. Tal como, al fin pasa, con el diálogo que viene de las baldosas.

Comentarios