Opinión
Sábado 25 de Marzo de 2017

Las pecas de la peatonal

Arrancaban a la mitad de una cuadra y se esparcían sobre los mosaicos negros de la peatonal Córdoba

Arrancaban a la mitad de una cuadra y se esparcían sobre los mosaicos negros de la peatonal Córdoba. Estirando la vista parecía un chorro de tarjetas, la mayoría blancas, esparcidas en un corredor de un metro de ancho, con claros de unos dos o tres metros. Así, a lo largo de dos cuadras, un poco más. La primera conclusión lógica fue que los rectangulitos de 8 centímetros de largo por 5 de ancho eran la evidencia de un arrebato exitoso en la acción pero fracasado en el resultado por el magro botín. El descarte de las tarjetas respondía a la ansiosa búsqueda de algo de valor.

Pero no, porque no estaban esparcidas en grupo sino que formaban un camino, como que habían sido sacadas de sus compartimientos de a una o dos y arrojadas al paso.

La imagen era rara. Parecían ser tarjetas de presentación, de ésas que el tenedor las saca mientras suspira un "me puede ubicar en este teléfono, o en esta dirección", o con cara de prócer dice "somos una empresa seria. Cualquier duda la puede consultar acá".

La mayoría tenían sellos azules, o negros estampados en un ángulo superior, con diseños más o menos logrados en el empeño de trasuntar algo importante, al fin y al cabo una tarjeta es una herramienta para decirle a los demás acá estoy, mi nombre está en letras de molde luego existo, cualquier cosa que signifique eso.

Lo que lleva a pensar que quizás las tarjetas tiradas en la peatonal no hayan sido la mancha culposa de un robo. En una de ésas, alguien decidió dejar de existir desde un cartoncito y comenzó a despojarse de esa sociedad de amistades gráficas como quien va abandonando malos recuerdos.

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