Opinión
Domingo 24 de Septiembre de 2017

Las contradicciones progresistas

El oficialismo parece admitir que el PRO le caminó los territorios. El propio gobernador salió a timbrear, buscando el mano a mano

Casi al mismo tiempo en que funcionarios municipales se esforzaron por aclarar que para favorecer la convivencia y el disfrute de los espacios verdes el Ejecutivo no era amante de la idea de enrejar sectores públicos, licitó esta semana la contratación de servicios de vigilancia para custodiar predios deportivos.

La Municipalidad de Rosario destinará este año cerca de 4 millones de pesos para pagar vigiladores privados que eviten que se produzcan hurtos, arrebatos de bolsos y actos de vandalismo en esos predios.

Es más, durante todo 2017, entre licitaciones ya otorgadas y en proceso de adjudicación, el municipio desembolsará 28,4 millones de pesos en contratación de seguridad privada.

Los vigiladores llegan a los predios municipales, pero también a los dispensarios de los barrios, donde los profesionales suelen ser blanco de agresiones, tanto verbales como físicas, una realidad que el gremio que los nuclea ha denunciado infinidad de veces.

Es muy interesante detenerse a analizar los discursos de los funcionarios, ya que en virtud de esta tan pregonada y trillada proclama en favor de la "convivencia", ambos utilizan el término pero en situaciones que, a priori, resultan contradictorias.

Hace unos días, y en virtud de que La Capital informó que la Municipalidad subía la altura de los bustos de próceres en el parque Independencia, los enrejaba para evitar vandalismo y hasta les ponía custodia a los pimpollos de El Rosedal para evitar que se los roben, la secretaria de Ambiente y Espacio Público, Marina Borgatello, tuvo una posición.

"Creemos que los rosarinos deben disfrutar de los espacios verdes, son sitios de encuentro y convivencia que no deben cerrarse, deben poder ser disfrutados todo el día", dijo palabras más, palabras menos en declaraciones radiales y criticó lo que se hace en grandes ciudades del mundo, como Río de Janeiro o Buenos Aires, para no ir tan lejos, donde las plazas se cierran de noche para evitar el vandalismo.

En Rosario se habían implementado guardianes de plaza, que duraron lo que un suspiro pero se anunciaron con bombos y platillos.

Volviendo al análisis del discurso, esta semana el subsecretario de Recreación y Deportes del municipio, Adrián Ghiglione, explicó por qué se destinan millones a empresas de seguridad privada para que custodien espacios deportivos públicos. "Son predios abiertos donde la gente ingresa con bicicletas, bolsos; la idea es brindar seguridad para una mejor convivencia", detalló.

Como se ve, la "convivencia" siempre está presente, en uno con vigilancia, en otro con rejas, pero con un discurso seudoprogresista que critica a quien cierra de noche una plaza.

Este doble discurso es parte de una especie de "tara" que el Frente Progresista parece tener con la seguridad, un ámbito en el que no le gusta moverse.

Tres años estuvo el oficialismo en esta ciudad demorando la declaración de la emergencia en seguridad que le pedía todo el arco opositor. La declaró luego de la masiva movilización que hubo el 25 de agosto del año pasado, cuando los rosarinos salieron hartos a las calles a exigir más seguridad.

Nótese que paradoja. Tras esa declaración de emergencia, el municipio pudo destinar más fondos a mejorar, entre otras cosas, la iluminación de distintos sectores de la ciudad. Se colocaron así luces LED que brindan entornos más seguros en calles y avenidas. Esta semana, el candidato del oficialismo que encabeza la lista de concejales recorrió esas obras en el marco de la campaña y puso de relieve la importancia de esas luces. Se podrían haber colocado tres años antes.

Pero mientras el progresismo culposo acomoda el vocablo "convivencia" de un lado u otro del discurso, en Rosario los espacios públicos siguen siendo vandalizados. En la plaza López (Pellegrini y Laprida), por ejemplo, enrejaron la fuente. Así y todo, un día amaneció cubierta por grafittis mientras se pregona que las plazas deben disfrutarse las 24 horas.

Y así, mientras se convive, el municipio destinará este año 28,4 millones a custodiar espacios públicos con seguridad privada. Contradicciones progresistas.

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