Opinión
Lunes 08 de Mayo de 2017

Las contradicciones de los dirigentes

El voto de la Corte sobre el 2x1. Distintas y muy variadas interpretaciones pueden formularse sobre una decisión judicial que sacudió al país y a los que analizan la historia de la política argentina.

Con pasmosa facilidad, los políticos pierden la noción de cuánto dicen con sus silencios; con lo que permiten inferir sus frases y con las añadiduras de sus definiciones, expresas o tácitas. Digamos, en el mejor de los casos, que es una distracción y no se dan cuenta. De lo contrario habría que deducir que poco les importa.

En el medio queda una sociedad que se debate entre el fanatismo (que es la adhesión y la acción ciegas por encima de la deducción y el consenso democrático que es el que surge del disenso pacífico) y el descreimiento. Permítanme, pero eso es para mí una definición bastante aproximada de la tan mentada grieta que el macrismo atribuía al kirchnerismo fomentar desde la Casa Rosada y ahora que le toca ser el gobierno hace lo mismo.

La Corte

El inquietante y controvertido fallo de la Corte Suprema de Justicia que habilitó en un caso el doble cómputo por los días que un civil que participó de las desapariciones en la dictadura estuvo detenido sin sentencia con lo que ésta se ve automáticamente reducida, privilegiando así la aplicación del principio de la ley más benigna sobre la distinción entre delitos comunes (por aberrantes que sean) y los de lesa humanidad, ha dado lugar a una saludable y felizmente civilizada discusión entre los especialistas más encumbrados del saber penal del país. Son, para el caso, las voces autorizadas. Al menos las que saben. Sin que ello, obvio y menos en democracia, sea óbice para que cada ciudadano exponga, como también se está haciendo, su parecer. Como estoy haciendo yo en estas líneas. No puedo saber si el fallo fue un paso deliberado, maquiavélicamente planeado, pero lo pienso riesgoso. Admito que me cuesta pensarlo en esos términos en el santafesino Horacio Rosatti, con quien se podrá coincidir o no, pero no negarle tres condiciones: su profundo conocimiento del derecho, su prudencia y su moderación.

Me quedo con una advertencia de uno de los especialistas que se han pronunciado en las últimas horas quien asentó su inquietud porque el fallo pudiere dar lugar a una amnistía por goteo. Es verdad, como también se ha señalado que en otros países han avanzado a formas de solución política consensuada entre subversivos y militares, pero no lo es menos que en la Argentina esa reconciliación no es posible. No al menos mientras no haya un arrepentimiento genuino y ello implica que cada uno aporte al esclarecimiento y a la verdad. Y en ello, los militares y sus cómplices no han revelado aún donde pusieron los cuerpos ni dónde están los niños que faltan manteniendo vigente todos estos años la agonía de incertidumbre de los familiares en un gesto crueldad innecesario.

No todo es lo mismo

Las partes en pugna durante la década del 70 que se enfrentaron con las armas, actuaron del mismo modo pero no eran lo mismo. Si alguien subvierte la ley, el Estado —que está para restituirla- lo detiene y juzga. Se podría decir que ello no era fácil si no estuviera ahí, en la misma época en cuestión, el ejemplo del Estado italiano que acabó con el movimiento Brigadas Rojas conducido por Mario Moretti (los que mataron al dos veces primer ministro Aldo Moro en 1978) deteniendo a sus miembros y enviándolos a los estrados judiciales para que rindieran cuentas sin aplicar la barbarie a la recurriera el ampulosamente autodenominado Proceso de Reorganización Nacional argentino.

Los militares argentinos eran el Estado pero actuaron como hordas homicidas descontroladas cometiendo atrocidades que siguen horrorizando. No detuvieron y enviaron a los tribunales para fueren juzgados a quienes hubieren cometido delitos. Se dirá, que el Estado democrático estaba anulado y con él las garantías constitucionales pero, a la vez, ese gobierno actuaba en nombre de una Nación Argentina creada por esa misma Constitución. Eran, de cualquier modo, la ley. Pero fueron la ley bestial.

¿Ello expugna los delitos de Montoneros o los milicianos del ERP? No. Ni los vuelve benignos en los casos en que no los fueron. Lo que el envilecimiento militar de entonces hizo es que esos hechos fueran un mero dato, casi menor —y ciertamente insignificante como el caso de los niños que reclamaban por el boleto escolar que no es lo mismo que copar un regimiento o poner una bomba- ante las atrocidades de quienes tenían la responsabilidad (arrogada per se, pero la tenían) de conducir el Estado y el deber de la aplicación de la ley del modo que resulte más justo posible.

Por esta razón es que guardo respeto a lo que dicen los especialistas sobre el fallo de Corte Suprema. Creo asimismo que en el país —y sobre todo en el partido político- que ya indultó a estos mismos militares genocidas, las reacciones sobreactuadas terminan siendo un exceso del que bien haríamos en ahorrárnoslas. Carlos Menem no sólo indultó a los militares sin consultar al pueblo sino que, después de ello, fue dos veces más favorecido por el voto mayoritario del electorado —en uno de esos casos le dieron otro gobierno- que hoy se rasga las vestiduras. El kirchnerismo entonces no existía pero en lo esencial era parte de aquel peronismo menemista.

Fíjense sino eso de los mensajes que transmite la clase política fuera de sus discursos. Menem es hoy senador de la Nación porque fue candidato del kirchnerismo en su provincia natal.

Cristina

Sigamos. La ex presidente, Cristina Fernández, a propósito del fallo de la Corte acaba de decir que durante su gobierno ese fallo no habría salido nunca. ¿Advierte el lector la gravedad de la admisión que conlleva esa expresión de la ex titular del Ejecutivo? Lo que Cristina admitió, lisa y llanamente, es que durante su gestión no hubo división de poderes. Se me dirá que no es novedad pero concédaseme que es fuerte tal admisión sin que la protagonista no sólo se pusiese colorada sino que pretendiera exhibirlo como una virtud. Sin división de poderes no hay república y esta es la base de nuestra democracia. Eso dice nuestra Constitución hacer otra cosa es hacer lo mismo que los militares, en este punto, violar (de modo incruento) ese contrato social que rige nuestra vida social.

Cualquier otra cosa no es constitucional. El diálogo directo entre el pueblo y el líder iluminado que interpreta por imperativo categórico lo que éste necesita y por eso no requiere del debate parlamentario al que anula sin más ni de jueces que le pongan límites, es el catecismo del populismo pero no es la Constitución Argentina. Que es liberal, sí, es cierto. Pero en 1994 cuando todas la fuerzas políticas —entre las que se contó al matrimonio Kirchner entre la huestes del peronismo que conducía entonces el presidente Menem- no se planteó jamás pasar del estado liberal (en todo caso pulir algunas de sus aristas en aras de los sectores menos favorecidos) a uno socialista o cualquier otra concepción diferente a la que nos rige en un Occidente capitalista, del que ningún argentino deja que quejarse y lamentarse a diario pero que a Cuba o a Venezuela (cuando era menos riesgoso) solo quieren ir de vacaciones apenas unos días a sus playas si no pueden optar por Nueva York o Miami.

La grieta

En todo caso, los dichos de la ex presidente demuestran por qué al macrismo le interesa la polarización con ella y mantener la tensión ficcional de esa entelequia dada en llamar grieta: Si ella en su gobierno no hubiera permitido que Corte dicte ese fallo lo quiere decir que incidía sobre otro poder y eso hiere profundamente a los dispositivos republicanos de contrapesos y controles y el fallo se da durante el gobierno de Cambiemos, hay que concluir que al menos ahora rige la división de poderes. Al menos desde lo oficial y formal el gobierno actual se ha declarado en contra de la aplicación del mentado fallo del 2X1.

Luego de acusar al Papa Francisco de cómplice de la dictadura cuando no directamente de entregador de unos curas, sectores afines al gobierno de la presidente Kirchner, hicieron del pontífice un aliado, frente al triunfo y al gobierno actual. Entre otras razones supuestamente porque éste no ponía el mismo énfasis en los derechos humanos que su antecesor. No obstante, ahora, las teorías más conspirativas surgidas de esos mismos sectores —y esto no es exculpar a la Iglesia Católica como institución que durante la dictadura tuvo un desempeño que en cualquier caso es indefendible- ahora se dice que los obispos han incoado a los supremos a dar el paso del fallo polémico y controversial.

No tengo más espacio pero tengo ejemplos para- varias notas de estas digresiones que terminan mostrando las contradicciones de quienes dirigen el país y toman decisiones que inciden en nuestras vidas aunque ello no siempre quede claro. Quizás haríamos bien en comenzar a reparar en tales detalles.

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