Opinión
Sábado 01 de Abril de 2017

La verdad en la nube

Son cosas reales, se pueden tocar, existen, pero no dejan de ser una ilusión enviada a través de las redes sociales.

Aparecen todos, los chicos mostrando los dientes a la cámara del celular, las mesas llenas de botellas con cinco tipos de adorno que hacen cuernitos o la "V" de viva Perón o señalan con los dedos la cantidad de goles del último partido de su divisa _o por los que perdió el rival_; parrillas que rebalsan de asado y achuras (contraviniendo la reglita básica de no comer pan delante los pobres), los videitos de los cumpleaños, los mensajes de "te quiero amiga" seguido de una sarta de consideraciones empalagosas, y la caterva de manifiestos en contra o a favor de algo. Son cosas reales, se pueden tocar, existen, pero no dejan de ser una ilusión enviada a través de las redes sociales.

Twitter es más "especializado" que Facebook, que no demanda claridad ni concisión (hasta los políticos lo prefieren). Y ahí desfilan escenas de la vida cotidiana que puestas en sucesión de imágenes conforman un sainete. Y a pesar de ser ilusiones, irrumpen con fuerza arrolladora en la realidad de tal modo que hasta las mismas compañías de las redes sociales que toman como concretos esos mensajes lanzados a una nube etérea y difusa y establecen distintos mecanismos de censura. Pero no son las exteriorizaciones de patologías lo que se trata aquí, sino las cuestiones ordinarias que adquieren relevancia por el solo hecho de haber sido destacadas de alguna manera, nada más.

Son cosas que han sido convertidas en bits, que viajan en el aire por capricho de una tecnología maravillosa, pero que ya solo existen en el recuerdo. Entonces, ¿alguien puede explicar por qué un "usuario" puede experimentar tanto encono, frustración y desesperanza cuando otro lo borra de su lista de amigos? Al fin de cuentas, todo es una ilusión que desaparece al resetear la página.

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