Opinión
Martes 07 de Marzo de 2017

La relación de la UCR con Cambiemos

Debate interno. Los militantes de la boina blanca analizan su participación en el gobierno de Macri.

"Educación, inclusión y justicia", dijo el documento que los radicales firmaron en Villa Giardino hace dos semanas atrás. Tres áreas en las que le reclamarían mayor acción y dedicación al gobierno de Mauricio Macri. A los pocos días, el presidente en el Congreso —el miércoles que pasó- habló de esos temas. En rigor, es poco probable que un mandatario no refiera a ellos de un modo más o menos directo en los discursos de apertura parlamentaria. Pero al socio mayoritario de Cambiemos le sirvió esta vez para marcar una presencia previa a ese discurso y una incidencia hacia el interior del gobierno que, exageren o no, hasta en sus propias filas venía siendo objeto de disconformidades más o menos expuestas.

En una suerte de dilusión de esa disconformidad, empero, parece recaer el éxito de la reunión en la villa cordobesa de la que el santafesino José Corral, presidente del comité nacional de la UCR, volviera hecho unas pascuas. Su conducción partidaria no salió fortalecida porque Macri haya incluido o modificado algunos párrafos en el texto que leyó, dando por sentado que lo hizo a pedido de sus socios y así al menos parece al comparar el documento radical y el discurso presidencial, sino porque la proa hacia la que puso a los revolucionarios del Parque —aliándolos al PRO- le fue unánimemente ratificada.

"Como lo fue a comienzos del siglo pasado cuando consagró la soberanía popular como única fuente de poder legítimo, y en los 80 dando una cruzada cívica para consolidar el sistema democrático de manera definitiva frente a la embestida autoritaria, hoy tenemos la posibilidad de ser nuevamente actores de relieve en la historia argentina. Habrá más y mejor república si hay más y mejor Cambiemos. Habrá más y mejor Cambiemos si hay más y mejor radicalismo dentro de Cambiemos", se envalentonaron en el documento.

Ni los más díscolos como Ricardo Alfonsín o Juan Manuel Casella, quienes critican públicamente sin ambages el sino derechista del PRO, sacaron los pies del plato. ¿Había riesgo de ruptura en Villa Giardino? Tratándose de la UCR —en el que conviven ideologías que van desde el krausismo, federalismo, liberalismo, nacionalismo, desarrollismo y la socialdemocracia con una tradición aliancista tan heterodoxa como haberle aportado dos vicepresidentes al peronismo (Quijano y Cobos) o haber llevado a un peronista como su candidato a presidente (Lavagna)- la ruptura es una realidad más practicada que lo que se la canta en su marcha.

A Corral, además, le permite aliviar la tensión interna en su partido en la provincia de Santa Fe frente al sector que es crítico del PRO y opuesto a la alianza con el PRO que lideran el vicegobernador Carlos Fascendini y su antecesor Jorge Henn. Estos en el contexto de toda la UCR del país quedan debilitados en sus discursos críticos, casi rupturistas, como cuando a Fascendini lo calmó el gobernador Miguel Lifschitz porque quería echar de los cargos en el gobierno provincial "a la banda de Corral y Barletta". ¿Barletta podría volver a ser candidato a intendente de Santa Fe?, esto ya lo hemos preguntado antes y solo tendrá respuesta cuando Corral le responda a Macri el pedido de que encabece la lista de diputados nacionales para octubre.

Para completar su semana perfecta, Corral comunicó al país la decisión de la Internacional Socialista de elegir vicepresidente al radical argentino, Jesús Rodríguez, cargo otrora ocupara Raúl Alfonsín. La decisión de la IS, organización política integrada por 153 partidos de más de 100 países, se tomó en el marco de la elección de autoridades que se llevó a cabo en su Congreso XXV, en Colombia, hace pocos días..

"La elección de Jesús Rodríguez es un claro reconocimiento al compromiso de más de 100 años del radicalismo por la democracia, la libertad, la igualdad y la paz en el mundo", destacó exultante Corral en un comunicado en el que afirma que la decisión "es un refrendo por parte de la IS al rol que tuvo y tiene la UCR en la construcción de una alternativa política democrática y plural al populismo".

Aun así, en la convención nacional que los radicales tienen previsto realizar el 3 de abril en La Plata la cuestión estará otra vez a flor de piel y según sea, que hayan o no aumentado la influencia dentro del Ejecutivo (o si se prefiere, que Macri los consulte —o tal vez, les avise antes nada más- sus principales medidas) será irritante o inocua. Entonces, el sempiterno riesgo de una fractura tan constitutivo de la historia del radicalismo oscilará conforme sea la conclusión de esa evaluación.

Ese rasgo de desgajamiento recurrente es quizás el que más lo emparenta con sus socios santafesinos del Partido Socialista.

A diferencia, el gobernador santafesino, en cambio, quizás haya tenido sus peores días. El accidente de la firma Monticas —empresa aportante a la campaña electoral de su partido- que costó la vida a 13 personas no sólo fue una tragedia evitable sino, todo indica, anunciada frente a la que el gobierno no reaccionó y menos actuó. Con la inundación de meses atrás, Lifschitz tiró por la ventana al secretario de Recursos Hídricos y preservó a su ministro de Infraestructura y "Transporte"; área en la vuelve a impactar, ahora con una gravedad irreversible, el empecinamiento de una realidad que deja al gobierno en la más incómoda de las situaciones. La ley de transporte de pasajeros que rige en la provincia es de 1935 y apenas 36 inspectores ponen en práctica los controles en los 14.000 km de rutas que tiene la provincia. La polémica está lejos de acallarse y mientras el gobernador medita si hace cambios o no en su elenco, se enteró —dicen que con el hecho consumado- de las muchas gracias que en el Interbloque del Frente Socialista les dieran a Rubén Giustiniani y Silvia Ausburguer, cuyas disidencias políticas con la línea oficial del PS no eran nuevas ni pasaban públicamente desapercibidas.

"Nadie lo expulsó del partido y él a las reuniones de coordinación del interbloque no venía, lo hacía Silvia, quien no decía nada luego iban y nos votaban en contra", puso blanco sobre negro, Ruben Galassi. Puede que sea anecdótico. Al fin y al cabo a cada sector parece haber terminado resultándole funcional. Los socialistas que responden a Antonio Bonfatti, presidente nacional del PS, pueden desde ahora en más reprochar a los radicales su dualidad de ser socios de ellos en la provincia y de un gobierno nacional que el socialismo no digiere de ningún modo, sin que los radicales le retruquen conque ellos tenían su propia versión dual en Giustiniani. Este, a su vez, ni lerdo ni perezoso, aprovechó para victimarse más de la cuenta (cualquier estructura a la que se pertenezca y sea democrática aceptando el disenso funciona por la decisión de mayorías que quienes queda en minoría deben aceptar o irse) y pegó el portazo del propio PS. Es decir, legitimó la creación de un partido municipal y/o provincial en la que está embarcado.

Hasta ahí lo anecdótico del episodio. Ahora bien, de ser cierto que la Casa Gris no tuvo indicio previo de la decisión que, era esperable tuviera alto impacto público, sería la primera vez que se nota tan nítidamente la divisoria de aguas que en la tercera administración socialista hay entre el Ejecutivo y el oficialismo legislativo. Se dirá, obvio, que fue una cuestión de incidencia meramente legislativa. Pero ello no es del todo así.

"Si empezamos así en un año electoral no deja de inquietarnos. Seguramente esto será debatido en el partido. Antonio lo conduce a nivel nacional pero Miguel a nivel provincial. Es importante que se dialogue hacia dentro y hacia afuera. Sobre todo porque nuestra gestión tiene que lidiar con el enojo del macrismo porque desde Santa Fe se lo critica y eso tensa la relación o con el radicalismo que juega acá y allá", hizo catarsis una fuente del Ejecutivo santafesino. Por más que, como denunciara el diputado Carlos Del Frade, "General Motors, que acaba de suspender 350 trabajadores, tuvo una ganancia neta durante el último ejercicio publicado, 2015-2016, de 1.700 millones de pesos que es utilidad pura. Ganaron, por día, 4.720.000 pesos por lo que General Motors no tiene ninguna crisis y simplemente quiere mantener la tasa de ganancia reduciendo el número de trabajadores que, por otra parte, son los verdaderos constructores de su riqueza", para el gobierno provincial el problema son los 350 suspendidos y otros casos que llevaron al propio Lifschitz, no ya a su crítico ministro de la Producción, a alertar sobre la luz amarilla por las repercusiones negativas que algunas medidas económicas nacionales tienen sobre la estructura productiva provincial.

En la Gris —donde aún tienen que seguir lidiando con las paritarias y la dureza del plan de lucha de los docentes, lo que suma el elemento de la tensión social poniendo ruido en las calles- todavía buscan descifrar qué quiso decir el senador Armando Traferri con eso de que el PS y PJ deben aliarse. Algo que por ahora todos consideran improbable. La sorpresiva sugerencia del sanlorencino, ¿encierra algún otro mensaje? Al menos, en el gobierno hay quienes esperan que no y miran inquietos a la Cámara alta en la que el PJ tiene mayoría y eso, en un año electoral, ya no es una llave sino una combinación de caja fuerte que accionar antes para asegurar el tránsito sin sorpresas de los proyectos que quiera el gobierno.

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