Opinión
Miércoles 04 de Enero de 2017

La reducción del déficit

Achicar el déficit, aumentar la inversión en obras públicas y transformar los impuestos distorsivos son los principales objetivos que se le fijaron a Nicolás Dujovne como ministro de Hacienda.

Achicar el déficit, aumentar la inversión en obras públicas y transformar los impuestos distorsivos son los principales objetivos que se le fijaron a Nicolás Dujovne como ministro de Hacienda. Es el mandato que le dio Mauricio Macri cuando lo convocó a las apuradas para reemplazar a Alfonso Prat Gay, cuyas diferencias con el resto del equipo gubernamental hicieron insostenible su continuidad.

El flamante ministro admitió que los tres objetivos que se han propuesto encierran un "conflicto entre sí", ya que "se quiere bajar el déficit, aumentar el gasto en infraestructura, que está devastada tras 12 años de desinversión, y reducir los impuestos distorsivos", pero se mostró confiado en poder lograrlo.

Dujovne, un consultor muy cercano al mundo financiero con experiencia en la función pública, deberá apelar a sus dotes de comunicador, tal vez aprendidas al calor de la televisión, para explicarle a los argentinos por qué es necesario ordenar las cuentas y, sobre todo, qué beneficio puede tener ese objetivo para la gente de a pie. También deberá ser muy prolijo en los pasos a dar.

Por ahora, arrancó con el pie izquierdo: apenas se supo de su nombramiento trascendió que el nuevo ministro, crítico del exorbitante empleo público, era justamente empleado del Senado, cargo al que debió renunciar de inmediato.

Dujovne figuraba como agente de planta temporaria en la Cámara alta desde 2012 por pedido del senador nacional por la Unión Cívica Radical Luis Naidenoff. La novedad hizo estallar la polémica teniendo en cuenta que Dujovne viene repitiendo que "hay un millón de empleados públicos que en alguna medida representaron un seguro de desempleo encubierto".

Salvada esta desprolijidad con su renuncia inmediata al cargo en el Senado, el nuevo ministro de Hacienda dijo que uno de sus principales objetivos será "mirar muy finito cómo se está gastando".

Hace años que en la Argentina se habla de la necesidad de hacer "sintonía fina", pero existen profundas diferencias sobre cuáles son los sectores que deben sobrellevar el peso de semejante ajuste.

La frase de Dujovne ya puso en alerta a los gremios estatales, en especial a Upcn, acostumbrado a negociar con todos los gobiernos. Andrés Rodríguez, el jefe de ese sindicato, siempre tuvo cintura para evitar los conflictos cuerpo a cuerpo. ¿Será igual esta vez? ¿Qué pasará si esa sintonía fina comienza a dejar un tendal de estatales en la calle? Un reporte de la consultora KPMG proyecta a 4 millones la cantidad de empleados públicos en el país, incluyendo las provincias. Ysostiene algo aún más polémico: que entre el 5 y el 7 por ciento de esos 4 millones de empleados son "ñoquis", un término que en cualquier país sería necesario explicar, pero que los argentinos conocen de sobra.

José Calero

Noticias Argentinas

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