Opinión
Miércoles 06 de Septiembre de 2017

La "posverdad" argentina

El domingo pasado después del mediodía comenzó a circular por las redes sociales una información impactante: una foto del cadáver de una persona ensangrentada, con el torso desnudo, era acompañada con el audio de una conversación entre quienes aparentaban ser dos periodistas.

El domingo pasado después del mediodía comenzó a circular por las redes sociales una información impactante: una foto del cadáver de una persona ensangrentada, con el torso desnudo, era acompañada con el audio de una conversación entre quienes aparentaban ser dos periodistas. En ese diálogo se anticipaba que había aparecido el cuerpo sin vida de Santiago Maldonado y que en unas horas el gobierno daría a conocer la información a todo el país. Estaba todo tan bien armado y producido que sonaba muy verosímil, a tal punto que en los medios de comunicación, siempre atentos aunque un poco más lentos los fines de semana, no descartaron por completo en un primer momento la versión, pero ninguno se animó a difundirla.

Mientras se iba confirmando que esa información era falsa, miles y miles de personas que accedieron a ese contenido creado para confundir y desorientar creyeron, sin embargo, que se trataba de una noticia verdadera. Cuando horas después o al día siguiente nada había sido publicado en los diarios ni difundido por los medios audiovisuales porque la noticia no había existido, comenzaba el proceso de decodificación personal de lo que había ocurrido y se había visto y escuchado. Muchas personas lo interpretaron, probablemente, como tantas otras falsedades que se distribuyen por las redes sociales. Pero otras, seguramente, empezaron a hilvanar explicaciones fantasiosas y teorías disparatadas sobre por qué el gobierno no había informado sobre la aparición del cadáver de Maldonado y había ocultado el tema.
Desde quienes sostienen la responsabilidad de Gendarmería en la desaparición del joven hasta los que piensan que sigue vivo escondido en una reserva mapuche, una falsa información puede reinterpretarse según la emoción que la persona ponga en la situación, sus creencias y visiones políticas. Es lo que ahora se conoce con el neologismo de "posverdad".

El español Arturo Torres, máster en Comunicación Política y Psicología, define a la "posverdad" como "un contexto cultural e histórico en el que la contrastación empírica y la búsqueda de la objetividad son menos relevantes que la creencia en sí misma y las emociones que genera a la hora de crear corrientes de opinión pública". Torres cree, además, que la "posverdad" supone un "emborronamiento de la frontera entre la verdad y la mentira, y crea una tercera categoría distinta a las dos anteriores. Una en la que un hecho, ficticio o no, es aceptado de antemano por el simple hecho de encajar con nuestros esquemas mentales".

El término de posverdad no es un invento argentino, sino la traducción de la voz inglesa "post-truth", que según el diccionario Oxford fue la palabra del año en 2016, sobre todo por el Brexit en Inglaterra y la campaña presidencial de Donald Trump en Estados Unidos. El diccionario británico le otorga a ese vocablo, como adjetivo, la significación de lo relacionado con las circunstancias en las cuales los hechos objetivos son menos influyentes en la formación de la opinión pública que las apelaciones a la emoción o las creencias de las personas.

Es así que muchos argentinos aún piensan que Alfredo Yabrán no se suicidó y sigue vivo disfrutando sus días en una paradisíaca playa de la Polinesia o que Carlos Menem Junior no se mató en un accidente aéreo sino que fue asesinado por una venganza contra su padre, presidente en ese entonces. Estos dos casos, y después otros, fueron analizados hace unos años por el periodista Miguel Wiñazki en su libro "La noticia deseada", un antecedente de lo que hoy sería la "posverdad". Es decir, pese a las pruebas incontrastables y a la investigación de los casos, miles de personas tienen su particular opinión sobre el destino de Yabrán y de Menem hijo.

La doctora Sandra Massoni trabaja estos temas en su último libro "Avatares del comunicador complejo y fluido. Del perfil del comunicador social y otros devenires".

Para Massoni, rosarina y de prestigio internacional en la materia, "hay que tener muy en cuenta que la comunicación es siempre un fenómeno emergente y complejo. Por ejemplo que, previo a toda acción, en cada uno de nosotros hay siempre una emoción que la motoriza (también el pensar). Entonces – explicó– quien completa un mensaje en torno al tema de la comunicación quiere ver o teme ver, o le fastidia ver. Y eso mismo hace que pueda o no pueda ver una parte de la cuestión". Además, dijo que es necesario considerar que "existe el fenómeno de «completamiento» que realizará quien recibe. Una operación cognitiva tan importante como lo que dice quien emite, pero que había sido minimizada en las teorías clásicas", remarcó.

En la Argentina, la "posverdad" en la interpretación de los hechos está teñida de política y todo es pasible de una mirada sospechosa y punzante que no alcanza límites. La mitad del país asegura que al fiscal Alberto Nisman lo mataron antes de que presente las pruebas sobre sus denuncias contra la ex presidenta y la otra mitad cree con seguridad que se suicidó porque había quedado en ridículo ante la imposibilidad de sostener esa grave acusación. Cada sector tiene su "posverdad" que se anticipa al fallo judicial que, en este caso, aún no se ha producido. Es que este país se caracteriza por dejar todo en una nebulosa interpretativa en tanto las situaciones que conmueven a la opinión pública nunca se resuelven o demoran años en aclararse, con lo que permite su manipulación con fines políticos y electorales.
Pero peor aún es cuando en los casos de certezas de lo ocurrido a través de una decisión judicial, por ejemplo, nadie les otorga validez porque se sospecha de los jueces, de las pericias, de las fuerzas de seguridad intervinientes y de todo en general.

Una particular aplicación de la duda metódica permite que cada uno construya su propia verdad o lo que ahora se denomina "posverdad", un término que encaja de maravillas con la caótica Argentina.

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