Opinión
Martes 31 de Enero de 2017

La gran disyuntiva de Macri

Perspectiva. ¿Se puede bajar la inflación y reactivar la economía al mismo tiempo? Ese es el desafío de peso del gobierno en este año electoral, donde necesita plebiscitar su gestión en las urnas.

El presidente Mauricio Macri encaró un sorpresivo reordenamiento de la órbita económica con el fin de alinear la tropa detrás del objetivo de reanimar la economía en este 2017 electoral, pero la duda es si será sustentable con la estrategia de lucha contra la inflación.

Año de elecciones legislativas, el jefe del Estado quiere que cuando se acerque la hora de votar en octubre de lo único que se hable sea del crecimiento económico.

Para eso, necesita, entre otras cosas, que la inflación no supere el 5 por ciento en el primer cuatrimestre del año, un objetivo difícil si se pretende a su vez aceitar el consumo, mientras los gremios presionan por paritarias que permitan recuperar el salario real.

En ese quita y afloje el gobierno ya mostró los dientes, cuando el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, tiró abajo la paritaria de los bancarios, por considerarla lesiva para la estrategia de darle pelea a la inflación.

En su afán por ordenar el gabinete, y aconsejado por el ministro coordinador, Marcos Peña, Macri despidió primero a Alfonso Prat Gay, quien mostraba demasiada ambición política, y aceptó sacrificar a Carlos Melconian en el Banco Nación, uno de los pocos que todavía criticaba el ritmo lento en los recortes de gasto público.

De paso, premió a Luis Caputo con un ascenso a ministro de Finanzas, y le pidió garantizar el financiamiento para lo que resta del año.

Caputo respondió con creces: volvió a exhibir el timing que lo hizo famoso en la city y se anticipó a la incertidumbre generada por el desembarco de Donald Trump en la Casa Blanca, para conseguir unos 15.000 millones de dólares que cubren casi el 80 por ciento de las necesidades financieras de la Argentina este año.

El ahora ministro emitió deuda en el momento justo y encima dejó con las ganas a más de un inversor, lo que preanuncia una suba en los bonos de la Argentina.

Pero mantener a raya la inflación y reactivar la economía puede ser una disyuntiva de peso para el gobierno en este año electoral, donde necesita mantener una representación parlamentaria razonable.

El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, destacó la desaceleración de precios y derrochó confianza. Considera que se podrá cumplir la meta de un costo de vida del 17 por ciento anual cuando se acerquen las elecciones, uno de los objetivos que le pidió Macri. El otro, el de mostrar una economía a todo motor, aparece más complicado y desafiante, porque no todos los sectores tienen la capacidad de remontar al mismo ritmo.

El sector agropecuario, por ejemplo, viene creciendo, ya que aprovechó el empuje de la baja de las retenciones, y ya representa casi la mitad de las exportaciones.

La actividad de la construcción, muy atada a la obra pública, empieza a mostrar signos de recuperación, que también se nota en los permisos para construir en la esfera privada.

El caso de la industria está en otro plano: las automotrices siguen sin dar señales de vida y eso convenció al ministro de Producción, Francisco Cabrera, de la necesidad de sentarse a dialogar con el gremio Smata y las terminales. Busca alternativas para reanimar a ese sector fuertemente golpeado por la demora en Brasil en recuperarse, pero también por la caída en la demanda interna, ante la disparada de precios en el mercado automotriz.

Cabrera está convencido de que varios sectores fabriles tienen problemas de competitividad en buena medida porque las cadenas de valor no logran organizarse y los recursos humanos está desaprovechados. "El objetivo es generar empleo de calidad, lograr más integración nacional, atraer inversiones e impulsar el crecimiento sostenido de la industria", dijo Cabrera.

El objetivo no será fácil: Ricardo Pignanelli, el jefe del Smata, le aclaró que no tenían objeciones al diálogo, pero el convenio colectivo no se toca. Salió al cruce así de las versiones que señalan que el gobierno está pensando en una especie de "Vaca Muerta automotriz", en alusión a la flexibilización del convenio colectivo aceptada por los petroleros en Neuquén.

Así como históricamente ha sido una misión imposible para la clase media llegar a la casa propia, comprar una auto se vuelve una utopía para los argentinos, ante la disparada de precios.

Hacia estos problemas apunta el flamante presidente del Banco Nación, Javier González Fraga, con la línea de créditos a 20 años para la construcción con terreno propio. El poder de fuego del Nación a partir de su enorme caudal de depósitos, puede empezar a hacer la diferencia.

Pero en el gobierno dicen que con eso no alcanza, y por eso el presidente del Central pidió a los bancos que salgan a captar depósitos con estrategias más agresivas. "No puede ser que la banca chilena sea tres veces más grande que la argentina", disparó el jefe del BCRA en una reunión con banqueros en la que los animó a apostar al crédito a la producción y a los préstamos para la vivienda.

José Calero

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