Opinión
Martes 26 de Septiembre de 2017

La condición humana

El resultado de las elecciones alemanas del domingo pasado, que posibilitó el ingreso al Parlamento de 94 neonazis, vuelve a poner en escena uno de los grandes interrogantes de todos los tiempos: la condición humana.

El resultado de las elecciones alemanas del domingo pasado, que posibilitó el ingreso al Parlamento de 94 neonazis, vuelve a poner en escena uno de los grandes interrogantes de todos los tiempos: la condición humana. Precisamente una filósofa alemana, Hannah Arendt, en una obra de 1958, trató de dar respuestas sobre ese tema. "La condición humana –explicaba– abarca más que las condiciones bajo las que se ha dado la vida al hombre. Los hombres son seres condicionados, ya que todas las cosas con las que entran en contacto se convierten de inmediato en una condición de su existencia. El mundo en el que la 'vita activa' (labor, trabajo y acción) se consume, está formado de cosas producidas por las actividades humanas; pero las cosas que deben su existencia exclusivamente a los hombres condicionan de manera constante a sus productores humanos", sostenía.

La filosofía tal vez no alcance para responder por qué un 13 por ciento de los alemanes (sobre un padrón electoral de 61 millones) avaló el discurso de la nueva agrupación Alternativa para Alemania surgida en 2013 como una oposición a los permanentes desembolsos de la Unión Europea para detener la crisis en Grecia, pero que con el tiempo viró a mensajes de ultraderecha, racistas y xenófobos. Ayer mismo, uno de sus dirigentes, Alexander Gauland, anunció que luchará contra la invasión de extranjeros y fue más que claro en su discurso tras los comicios: "No queremos perder Alemania por una invasión de extranjeros de diferentes culturas". Alternativa por Alemania, que promueve la natalidad para "el mantenimiento del pueblo alemán" y la separación de la Unión Europea, se convirtió en la tercera fuerza electoral del país, con lo que por primera vez en casi 70 años la ultraderecha melancólica del nazismo tendrá representación parlamentaria con mensajes y propuestas similares (aunque "aggiornados" a los nuevos tiempos), a los de la década del 30.

La filosofía tiene complejidades mientras la historia se expresa con hechos fácticos. En las elecciones parlamentarias alemanas de 1928 el nazismo había obtenido el 2,63 por ciento de los votos, unos 810.127 sufragios, con los que obtuvo 12 bancas en el Parlamento. Cuatro años después, en 1932, se convirtió en la primera fuerza con el 37,27 por ciento, unos 13.746.660 votos que le permitieron alcanzar 230 escaños. La historia que le siguió es conocida.

El discurso de los nazis camuflados de Alternativa por Alemania es el mismo de siempre, ahora basado en el ataque a los inmigrantes africanos o del Medio Oriente, a quienes por solidaridad el actual gobierno de la canciller Ángela Merkel les ha permitido ingresar al país. Son casi un millón de personas carentes de absolutamente todo, que no traen ningún problema importante a la principal economía industrial de Europa salvo su color de piel y sus culturas propias. ¿Cómo se explica entonces que varios millones de alemanes de varias generaciones posteriores al nazismo hayan incorporado ese mensaje racista? ¿Se sostiene, entonces, la teoría del historiador norteamericano Daniel Goldhagen sobre la cualidad ancestral xenófoba y eliminacionista del pueblo alemán?

No parece, sin embargo, que los alemanes sean más proclives a la ultraderecha que, por ejemplo, Francia, donde el Frente Nacional de la fascista Marine Le Pen obtuvo nada menos que diez millones de votos en la segunda vuelta presidencial de mayo pasado.

Otro filósofo que intenta explicar la condición humana es el español Ramón Alcoberro, para quien ese concepto expresa "una manera de 'estar en el mundo' específica, viviendo y actuando en él. La «condición» (cambiante, social) expresa lo opuesto a la «naturaleza» (biológica, eterna, intransformable)". Alcoberro cree que "la condición humana permite una respuesta al problema del mal radical: el mal pertenece a la «naturaleza» y sólo la «condición» (política) permite abordarlo".

En la Argentina cada vez suena con más fuerza el desprecio a los inmigrantes, sobre todo asiáticos y de países latinoamericanos. Se lo escucha en las canchas de fútbol, en la calle y en voz baja cuando no es políticamente correcto expresarlo en público en determinados círculos. Los extranjeros son una absoluta minoría que no llega al cinco por ciento de la población, según el censo del año 2010. En 1914 había en el país un 30 por ciento de población extranjera. ¿Qué ocurriría hoy en la Argentina si en el término de pocos años una ola migratoria trajera al país millones de personas? ¿La ultraderecha argentina, poco significante pero no por eso menos peligrosa, registraría el mismo ascenso que en Francia y Alemania? Habrá que continuar con el estudio de la condición humana para responder a esos planteos.

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