Opinión
Jueves 06 de Julio de 2017

La condenada Argentina

Un país muy dividido entre la melancolía del pasado y las torpezas del presente reaparece con fuerza en épocas electorales como las actuales.


Como un círculo siempre cerrado, que jamás puede abrirse para intentar alcanzar soluciones de fondo a las crónicas dificultades del país, la Argentina se repite una y otra vez en sus mismas contradicciones que la mantienen postergada desde hace más de medio siglo.

Todo este escenario se hace más notorio cuando se está afuera de la Argentina por varias semanas porque resaltan invariables los temas de debates interminables, que finalmente paralizan a la sociedad y cansan hasta el hartazgo a todos.

Un país muy dividido entre la melancolía del pasado y las torpezas del presente, que también tienen una impronta ya conocida, reaparece con fuerza en épocas electorales como las actuales, donde la pregunta sigue siendo la de siempre. ¿Por qué alguien quisiera alcanzar un cargo electivo partidario si esa actividad es una de las que peor imagen tiene en la Argentina? Bajo el lema "la última batalla del caudillo" se presenta la campaña de Carlos Menem para senador por La Rioja y con un mensaje comunicacional similar al utilizado durante su gobierno, Cristina de Kirchner intentará volver al Senado, pero por la provincia de Buenos Aires. ¿Qué aporte a un país mejor, moderno y transparente podrían ofrecer ambos ex presidentes? De la Rúa, al menos, está preocupado por los impuestos que paga por su jubilación de privilegio y no piensa en postularse.

Desde el gobierno de Cambiemos parecen haber detectado un nicho electoral en sectores que ven como loable cuestionar las pensiones a los discapacitados, hacer revalidar los papeles previsionales de la viudez o poner en duda las becas de estudios para miles de jóvenes que necesitan un ayuda para educarse. De otra manera no se explica tamaño despropósito. Revisar si hay irregularidades en los servicios sociales del Estado no significa causar ansiedad y angustia en decenas de miles de personas.

Como siempre, y ya ha ocurrido en otras épocas, la necesidad de recortar el déficit fiscal del Estado pasa primero por los más vulnerables, los que no tienen poder de lobby para reclamar ni poner condiciones. Uno de los actuales miembros del gabinete económico tuvo que renunciar, antes de asumir, a un cargo de asesor en el Senado de la Nación. ¿Cuántas "chapas" políticas similares hay todavía en los niveles nacionales, provinciales y municipales? ¿Cuántas se nombraron en estos últimos años por compromisos y pago de favores?

Como los recursos de este país generoso no alcanzan para todo, los maestros tienen que salir a la calle para defender sus salarios, la mayoría de los jubilados cobra un haber de un país marginal del "cuarto" mundo y el salario mínimo recién llegará a diez mil pesos el año que viene.

Mientras algunos sectores de la economía parecen ser los beneficiarios de este modelo, conocido en el mundo pero de imposible aplicación en estas latitudes, la promesa de eliminar el impuesto a las Ganancias a los trabajadores ya quedó sepultada en el cajón de los recuerdos. ¿Cuántos consultores políticos o encuestadores que aparecen todos los días en los medios de comunicación (se repiten en todas partes y formatos) contribuyen a un dibujo falaz de la realidad bajo una pretendida mirada seria, pero que no esconde otra cosa que interés político y económico del sector al que representan?

En esta provincia, la falta de cumplimiento de un fallo de la Corte Suprema de Justicia le impide al Estado santafesino acceder a fondos genuinos de la coparticipación federal que habían sido injustamente retenidos. ¿Si la Nación no cumple con la ley, qué se puede esperar del ciudadano común?

Hace unos años, un funcionario del Departamento de Estado de los Estados Unidos confió en reserva ante un grupo de periodistas que el mayor problema de la Argentina en todos sus tiempos ha sido su incumplimiento de las normas y los fallos internacionales. Parece que ahora ocurre lo mismo hacia el interior de país, al menos con Santa Fe.

No es posible que la Argentina esté condenada por varias décadas más a la decadencia, a la reiteración de políticas que la han llevado al fracaso, al siempre mismo debate estéril improductivo e irreconciliable. Hay otras formas, otros paradigmas valiosos para un país naturalmente generoso. La clave está en encontrarlas y colocar en el liderazgo a los que puedan conducir un proceso transformador. Caso contrario, la condena será perpetua.

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