Opinión
Viernes 10 de Marzo de 2017

La afrenta de las bolsas del súper

Ya hace tiempo que en los supermercados no dan bolsas de nailon para llevar lo que se compró. Ni siquiera las han reemplazado por otras de papel manila o algo parecido, que hubiera sido lo más lógico.

Ya hace tiempo que en los supermercados no dan bolsas de nailon para llevar lo que se compró. Ni siquiera las han reemplazado por otras de papel manila o algo parecido, que hubiera sido lo más lógico. Esa muy escasa condición (la de la lógica) tuvo como remedo bolsas de un material 100 % biodegradable de un ocre pálido cuyo costo se suma al de las cosas recolectadas en las góndolas. Eso de biodegradable lo dice el fabricante.

Dándole el beneficio de la duda, habrá que suponer que la contaminación causada por las bolsas de plástico se ha reducido bastante. Cuando se pasa delante de un contenedor de basura es fácil percatarse que tampoco es para descorchar.

Pero, como siempre, el verdadero daño es invisible a los ojos, al menos los del orgullo, herido impiadosamente cada vez que un hombre tiene que pasar por el súper. Volver con las bolsas cargadas no es problema, la cuestión es a la ida, en que uno no sabe qué hacer con esa cosa doblada en setecientos pliegues en un fútil intento de disimular lo indisimulable. No usarla implica ir con la compra acunada entre los brazos y haciendo equilibrio, corriendo –además– el riesgo de sufrir fulminante desprecio; je, mirá ese tipo, con la plata que tiene podría comprar un vino mejor, o un queso de más calidad, o un dulce un poco menos berreta. Y así por el estilo.

Las mujeres no tienen problema ya que hacen desaparecer la bolsa

100 % reciclable dentro de una cartera que no lo es. Y todos tan contentos.

No, la Municipalidad y los concejales no se pueden sentir tan orondos con esta cuestión. Al menos debieran expresar sus disculpas por una medida totalitaria que obliga a avergonzados caballeros a usar semejante "accesorio".

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