Opinión
Sábado 15 de Julio de 2017

Isis no murió

Dejar La liberación de Mosul —la capital de facto del Estado Islámico en Irak— marca un momento clave en la guerra contra el grupo terrorista más peligroso del mundo.

Dejar La liberación de Mosul —la capital de facto del Estado Islámico en Irak— marca un momento clave en la guerra contra el grupo terrorista más peligroso del mundo. Dáesh, como se conoce al Estado Islámico (EI) en Medio Oriente, ya no controla el importante territorio de Irak donde podía albergar a combatientes extranjeros y explotar recursos como el petróleo. Además, su discurso principal —crear un verdadero Estado— está hecho trizas. Sin embargo, aunque el gobierno de Trump ya puede celebrar el final del califato tal como lo conocimos, es demasiado pronto para sentirse cómodo, en especial porque no hay una estrategia para el día después de terminar con EI.

La buena noticia es que una coalición de 68 países dirigidos por Estados Unidos, cuyo objetivo es combatir al Estado Islámico, ha reunido los fondos necesarios para comenzar el proceso a través de las Naciones Unidas. Existe un plan similar para Siria. Sin embargo, la guerra civil en curso ahí hará que sea un reto implementarlo, como lo ha demostrado el lento proceso de regresar a la vida a la ciudad de Tabqa —que fue liberada hace dos meses y es una puerta de acceso a la capital siria del Estado Islámico, en Al Raqa—.

Lo que viene ahora es aún más desafiante: 25 millones de musulmanes sunitas viven entre Bagdad y Damasco. Han estado distanciados de sus gobiernos. A menos que se les pueda convencer de que su Estado los protegerá en lugar de perseguirlos, un Estado Islámico versión 2.0 encontrará muchísimos nuevos reclutas y defensores.

Irak ofrece mayores probabilidades de éxito pero, si se le deja actuar por sí mismo, es muy probable que sus dirigentes mantengan las condiciones que dieron origen al extremismo violento. Además, los vecinos de Irak se alinearán con la secta que respalden, lo que reforzará en ese país la mentalidad de que unos perderán en la medida en que los otros ganen. Ahí es donde la diplomacia estadounidense puede entrar en acción.

Las ambiciones kurdas plantean un desafío igualmente explosivo para la estabilidad de Irak. El líder kurdo de la región, Massoud Barzani, ha convocado a un referendo para la independencia en septiembre. Mientras tanto, los kurdos han aprovechado el combate contra el Estado Islámico para tomar el control del 70 por ciento de los territorios en el norte de Irak que se disputan árabes y kurdos, y que no querrán ceder. La independencia kurda es un sueño poderoso, y Barzani considera que concretarlo será el núcleo de su legado.

Una pregunta final: ¿qué tipo de presencia militar estadounidense debería, en su caso, permanecer en Irak para asegurar que el Estado Islámico no resurja?

Antony J. Blinken (*) The New York Times (*) Subsecretario de Estado

en el gobierno de Obama.

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