Opinión
Miércoles 28 de Diciembre de 2016

Homicidios: las explicaciones que faltan

No existen estudios empíricos que permitan atribuir la baja de homicidios en Rosario a una política pública.

Los homicidios bajaron en Rosario de una manera acentuada. Esta bienvenida constatación tiene un alivio adicional si se añade que desde 2013, cuando se produjo el pico histórico de delitos contra la vida, los guarismos desaceleran. Hasta ayer se contaban 176 asesinatos en 2016. A la misma fecha las víctimas letales habían sido 263 en 2013, 249 en 2014 y 224 el año pasado.

Desde que la escalada de homicidios puso a la ciudad en el foco de la atención de la prensa internacional, a veces con hipótesis livianas sobre lo ocurrido aunque en base a un fenómeno innegable, hubo algunas acciones estatales para mitigar el problema. El registro municipal de los ingresos de heridos a efectores públicos, para seguir las historias de los conflictos con el propósito de desactivar sus causas, fue un aporte interesante. También acumular hechos en mismas fiscalías para investigarlos de manera conectada cuando los incidentes se daban en las mismas zonas o involucraban a los mismos grupos.

¿Se puede atribuir el declive de los homicidios dolosos en Rosario a una política pública? No parece probable en tanto no existen estudios empíricos que expliquen las bajas. Las expresiones de violencia letal arraigan en causas profundas y tanto sus subas como sus bajas solo son analizables en procesos de larga duración. Las alteraciones abruptas a veces tienen causas no visibles en lo inmediato. Y algo que baja sin explicación puede volver a subir.

En Ciudad Juárez luego de un alza frenética la tasa de homicidios declinó acentuadamente desde 2012. Tras dos años se estableció que la causa más probable de la caída era que un cartel de droga se había impuesto sobre otro. Fue la merma de las disputas entre facciones criminales, y no una política pública, lo que explicó ese derrumbe. Este año apareció un nuevo grupo, el de Rafael Caro Quintero, confrontando contra el triunfante cártel de Sinaloa. Y los homicidios volvieron a trepar.

"No existen estudios empíricos que permitan atribuir la baja de homicidios en Rosario a una política pública"

Rosario no es Ciudad Juárez. El ejemplo apenas apunta a ilustrar que no era una dinámica de intervención del Estado lo que frenó la violencia sino que una facción criminal fue borrada por otra. Al activarse el desafío de una nueva organización la espiral homicida escaló.

Es usual en cualquier proceso histórico que tras producirse un pico de homicidios estos empiecen a bajar. Explicar las causas depende de algo más que percepciones o intuiciones. Si se atribuye mérito estatal a la baja en Rosario, donde los homicidios cayeron, debería adjudicarse demérito en la ciudad de Santa Fe, donde en el marco de agudas oscilaciones los homicidios treparon marcadamente: van 125 este año, contra 107 en 2015. Y habían sido 150 en 2014, alcanzando la alarmante tasa de 32 muertes cada 100 mil habitantes.

Existen iniciativas en germen en Rosario y Santa Fe con modelos de inteligencia criminal y operacionales nuevos. Entre ellos el acopio de una base de datos unificada, un software que produce asociaciones para una mejor investigación de delito y el plan cuadrante. Todas interesantes, pero cuyos rendimientos no podrán ser evaluados antes de una década de vigencia.

Las variables de la violencia son complejas. Importa relacionar homicidios con hechos que quedan en intento porque a veces el azar mueve las cifras hacia un lado u otro. En Rosario en el primer semestre por cada muerto con un arma de fuego hubo siete heridos que sobrevivieron. Tampoco aquí está claro cuántos homicidios se vinculan con violencia no delictiva y cuántos a actividades de bandas. En esa distinción es importante definir qué nudos causales generan o reiteran los conflictos.

Porque tampoco este tipo de violencia cede cuando algunos actores que la desatan van presos, como lo evidencia el caso del barrio Municipal, ya que algunas detenciones no pararon una dinámica que este año contabiliza 14 asesinatos en un radio de 10 cuadras. Sabremos mejor sobre los vaivenes de las cifras cuando haya estudios sostenidos de calidad sobre sus causas. Sólo puede prevenirse aquello que se conoce.

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