Opinión
Domingo 13 de Agosto de 2017

Hermano robot

Científicos predijeron que la próxima gran guerra por venir enfrentará al hombre con su propia creación: los robots.

Científicos predijeron que la próxima gran guerra por venir enfrentará al hombre con su propia creación: los robots. Ya hoy la inteligencia artificial está arraigada en todos lados, guiando parte de nuestras vidas. Surge entonces la pregunta acerca de si un robot puede llegar a tener las mismas capacidades de un ser humano, como tomar conciencia y actuar en tal sentido. Como los humanos, si así lo aceptan las máquinas perfectas que hoy nos miran con el mismo desdén que el hombre miró a Dios, morirán y serán sustituidas. Una perdida noticia en una página cercana al obituario reza que un experto en inteligencia artificial se casó con una mujer robot en China. Le costaba formalizar con una de carne y hueso. Y juntó tecnología con mujer. No más barro y una costilla prestada. Y como la sexualidad es divertida, por qué no disfrutar entonces. ¿Lo sugerirá el programador o la mujer robot? La respuesta, no la imagino. Pero seguramente asombraría. En confusos tiempos en que se pregona urgente justicia como nunca antes por salvaguardar vulnerados derechos e integridad física femeninos, ellas (no todas) se solazan con una novela turca que ya en el primer capítulo inflige un par de machistas cachetazos a la sufrida protagonista. Del mismo modo, un programador podría desconectar a su robot. La estaría asesinando. Podría disfrutar de ella o con ella y luego desear otra, crear o elegir una que le guste más. Hasta podría abusar de ella, golpearla, torturarla. Porque: ¿se puede considerar abuso una acción hacia una máquina? Los sistemas son cada vez más complejos. Tanto que se verán rostros femeninos artificiales replicando las emociones humanas. Serán capaces de sentir atracción, celos, desprecio. Avizorando ese porvenir que no percibimos gestálticamente y ya llegó, no pocos tratan de dilucidar si los robots querrán ser humanos o los humanos pretenderán ser robots. Sería una amarga desilusión descubrir, como en una novela de Philip Dick, que la flamante creación del hombre, podría ser más consciente del concepto de humanidad que las propias personas.

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