Opini贸n
Sábado 26 de Agosto de 2017

"隆Esto es un quilombo!": por qu茅 losargentinos protestan y se quejan

Fen贸meno cultural. La vehemencia con la que la gente reclama cuando considera se han vulnerado sus derechos llama la atenci贸n de los extranjeros. En este art铆culo, un periodista colombiano trata de explicar los motivos.

Nadie, al menos en Am茅rica latina, protesta tanto como los argentinos. Lo dice la Organizaci贸n Internacional del Trabajo: despu茅s de Alemania, Argentina es el segundo pa铆s con m谩s huelgas al a帽o.

Durante 2015, el 煤ltimo dato disponible, los argentinos realizaron 1.235 protestas laborales, mientras que en Alemania, l铆der del ranking, se hicieron 1.618. Lo dicen tambi茅n las encuestadoras: de acuerdo al Bar贸metro de las Am茅ricas, el 15,4 por ciento de los argentinos dicen participar en protestas, la cifra m谩s alta de la regi贸n.

El argentino"arma quilombo" cuando se siente agraviado, desatendido, humillado; cuando siente ser v铆ctima de una injusticia. Genera un problema hasta que le resuelven. A veces uno lo percibe en el extranjero, cuando en un avi贸n, un hotel o un restaurante se escucha la voz alta, aguda y vehemente de un argentino haciendo valer lo que cree que le corresponde.

Y en Argentina se ve pr谩cticamente todos los d铆as, sobre todo en el centro de Buenos Aires, donde casi siempre hay un piquete de protesta. Pero la cosa va incluso m谩s lejos. Ac谩, la posibilidad de que el sonido de un martillo o una fiesta o una humedad se conviertan en una enardecida guerra verbal entre vecinos es tan alta como rutinaria. La pugnacidad de los argentinos no necesariamente significa que son exagerados. O que haya m谩s problemas que en otras partes. Tampoco que armen tormenta en vaso de agua.

Lo que pasa, he venido a entender ac谩, es que conocen y defienden sus derechos. Y seg煤n influyentes pensadores, eso puede ser una virtud, como tambi茅n un problema. Mi reflexi贸n est谩, por supuesto, mediada por mi condici贸n: soy colombiano.

En mi pa铆s generalmente nos asumimos como sumisos y adaptables: no hay queja que nos parezca digna de consignar ni problema que nos impida "echar p'alante".

En parte por eso es que a nosotros, como a otras culturas, nos puede resultar "arrogante" que el argentino ande por el mundo exigiendo aquello a lo que cree tener derecho. "Qui茅n se cree", podemos llegar a decir. La frase "usted no sabe qui茅n soy yo" es famosa en Colombia, porque los ricos y poderosos la usan con frecuencia para conseguir gestiones, cortes铆as. "Claro, doctor", les pueden responder. Les resulta 煤til.

Algo parecido ocurre en Brasil, seg煤n escribi贸 el reconocido polit贸logo argentino Guillermo O'Donnell, quien identific贸 en ese pa铆s un "sometimiento" ante quienes usan frases como "voc锚 sabe com quem est谩 falando?" para "reforzar jerarqu铆as".

En cambio, si uno le dice eso a un argentino, concluy贸 O'Donnell, este le va a contestar "y a m铆, 驴qu茅 mierda me importa?".

Esa impugnaci贸n de la jerarqu铆a tiene que ver con el car谩cter igualitario y democr谩tico de la sociedad argentina y se vio pronunciada por el r茅gimen militar de los a帽os 70 y 80, explica O'Donnell.

En su an谩lisis, escrito un a帽o despu茅s de la ca铆da del r茅gimen en 1982, el autor incluso encuentra una explicaci贸n al nivel de crueldad de la junta militar, quiz谩 la m谩s sanguinaria de la historia de Am茅rica.

"En el conjunto de la sociedad (...) estaba el enemigo (de la dictadura); all铆 estaban las innumerables variantes de "驴y a m铆, qu茅 mierda me importa?" que ese golpe (de Estado, en 1976) quiso liquidar de una vez por todas", escribe el pensador argentino.

Cuando volvi贸 la democracia, Argentina retom贸 una de sus facetas principales: la lucha por los derechos. Y hasta hoy, como refleja el caso de las mujeres, se originan ac谩 influyentes movimientos de protesta.

Para Catalina Smulovitz, polit贸loga argentina especialista en derechos y vicerrectora de la Universidad Torcuato Di Tella, "Argentina es un pa铆s donde muchos actores sociales est谩n organizados como sindicato, como gremio, como cualquier cosa, y cada uno de estos grupos se organiza para actuar y manifestarse".

"Este nivel de organizaci贸n a nivel social lo que produce es esta situaci贸n de m煤ltiples confrontaciones, no necesariamente violentas, porque est谩 muy presente la idea de que todos pueden demandar", me dijo. Y luego record贸 una legendaria frase que se le atribuye a Evita Per贸n: "Donde existe una necesidad, nace un derecho".

El primer gobierno de Juan Domingo Per贸n, entre 1946 y 1955, fue clave para que se asentara esa idea de que quien declara una necesidad tiene derecho a que se la satisfagan. Seg煤n explican Juan Carlos Torre y Elisa Pastoriza en su ensayo "La democratizaci贸n del bienestar", la sociedad de inmigrantes que se consolid贸 en la primera mitad del siglo XX se destac贸 por tener relaciones sociales directas y frontales desprovistas de actitudes de respeto y diferencias tradicionales.

Se caracterizaba por una confianza en el progreso individual que, no obstante, coexist铆a con una difundida pr谩ctica asociativa; y por la fuerte valorizaci贸n de la educaci贸n y la cultura letrada.

Con el florecimiento de las industrias, la agricultura y el comercio, en la primera mitad del siglo XX emergi贸 una clase media llena de expectativas, conocimientos y, con eso, demandas.

Per贸n aprovech贸 la bonanza de las exportaciones para solidificar las jubilaciones, la salud p煤blica, la infraestructura y la educaci贸n p煤blica. Para solidificar los derechos.

Para finales de los a帽os 50, anotan los autores, una mayor铆a de los argentinos pod铆a consumir m谩s y mejor que antes, acceder a vivienda, vestir ropa de calidad, salir de vacaciones o ir al cine y usar electrodom茅sticos de primera. Y quien goza de lo bueno no est谩 dispuesto a perderlo. Sobre todo cuando parte de ese bienestar es el acceso a mecanismos y grupos que buscan defender derechos.

Otro dato que ilustra la rebeld铆a argentina es que, seg煤n la Asociaci贸n Civil de Actividades M茅dicas Integrada de Argentina, en ning煤n otro pa铆s de la regi贸n se producen tantas denuncias por mala praxis m茅dica. Uno de cada cinco doctores argentinos recibe alguna vez cierto tipo de demanda por supuesto mal tratamiento. Pero solo el 6 por ciento de esas demandas, reporta la entidad, resultan en una sentencia que favorece al paciente, por lo que voceros del sector han pedido que se revise la legislaci贸n que permite demandar sin mucho esfuerzo ni dinero.

"En toda Am茅rica Latina hay un proceso de judicializaci贸n de los conflictos sociales", reconoce Leticia Barrera, abogada experta en antropolog铆a de la justicia. "Pero en Argentina hay oportunidades institucionales, mecanismos como los amparos y oportunidades como el activismo que han generado una cultura del litigio que desborda a las cortes", dice.

Por eso el magistrado Carlos Fayt se quejaba en 2003 de que la Corte Suprema se hab铆a convertido en un "almac茅n de ramos generales", porque llevar una causa al m谩ximo tribunal del pa铆s es m谩s o menos f谩cil para cualquier ciudadano.

Y tanto O'Donnell como Torre y Pastoriza se帽alan que la pugnacidad de los argentinos tiene un problema: genera discordias y fragmenta a la sociedad. De hecho, las quejas de que el sistema judicial argentino es lento son tan frecuentes como aquellas de que el centro de Buenos Aires est谩 inaccesible por las protestas de gremios y sindicatos. Toda necesidad en Argentina genera un derecho. Pero, tambi茅n, un quilombo.

Daniel Pardo / BBC Mundo

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