Opinión
Lunes 30 de Enero de 2017

Espacios públicos, negocios privados

Si hay un área donde el socialismo ha hecho agua a lo largo de los casi 28 años que viene gobernando la ciudad es en las concesiones municipales.

Ahí están los restos del ahora ex parque de diversiones en el parque Independencia, al que se le decretó la caducidad de la concesión luego de que el 10 de agosto de 2013 murieran dos hermanas al caer al vacío tras desprenderse una taza del juego La Vuelta al Mundo en la que se hallaban. Las pericias realizadas determinaron un cúmulo de irregularidades, como fallas de diseño, mecanismos desgastados y falta de inspecciones.

Ahí está la ex Rural, en el mismo parque, al cual hace más de dos décadas que no le encuentran un destino concreto acorde con su entorno. Sobre ese espacio sobrevolaron disímiles iniciativas, desde un predio ferial hasta un megaestadio cubierto, y todas terminaron en la nada.

Ahí está frente a ese mismo predio el Hipódromo, donde varias veces se presentaron proyectos de concesión con "locales comerciales, gastronómicos y actividades deportivas", pero nunca pudieron salir de las maquetas. Lo único que llegó a licitarse fue la construcción de una cancha de golf en el óvalo central, pero el municipio la tuvo que dar de baja porque el concesionario nunca arrancó con el emprendimiento.

Ahí están las cocheras subterráneas, cuyas licitaciones cosecharon fracaso tras fracaso. La que se iba a construir debajo del edificio del Distrito Centro quedó desierta en junio pasado ante el nulo interés empresario.

Ahí está también el Patio de la Madera, que tras un largo período de abandono y deterioro, y una licitación para la explotación del centro de convenciones que quedó trunca, ahora el propio municipio lidera un proyecto bautizado como Mercado del Patio, un paseo gastronómico y cultural ligado a la producción local y regional.

Ahí está también el ex Munich, el bar más tradicional del parque Urquiza, que no funciona desde junio de 2011, cuando el entonces concesionario lo cerró y la Municipalidad le rescindió el contrato. En 2013 un nuevo grupo empresario ganó la licitación para explotarlo, pero hasta el día de hoy no abrió sus puertas y el municipio amenaza con sacarle la concesión.

Y ahí está también quizá la concesión municipal más polémica del socialismo por la serie de denuncias que viene cosechando desde sus inicios y que el concejal Jorge Boasso no duda en calificar como "el curro más grande de la historia de Rosario": el complejo Puerto España. Es un espacio de una hectárea y media en un lugar privilegiado de la ribera (Roca y el río) y está integrado por cinco unidades comerciales: parrilla Don Ferro, salón de fiestas, bar Flora, playa de estacionamiento y gimnasio The Planet. Dos son los principales cuestionamientos sobre esta concesión del grupo empresario que encabeza Pedro Ritagliati: la insólita construcción de un gimnasio en el parque (no estaba contemplado en el pliego de licitación, y que incluso se subalquila) y el canon mensual que le paga al municipio, que estaba estipulado en el 7% de la facturación bruta pero luego pasó al 7 por mil. Este cambio determinó un canon absurdamente bajo. Además, el 0,7% se determina en base a lo que el propio concesionario declara que vende, sin ningún control municipal. Así, según un informe oficial actualizado al 26 de enero pasado, este concesionario sólo paga mensualmente 49.155 pesos por todo el complejo, pero en marzo pasado incluso abonaba menos de la mitad: $20.900.

Del listado de los cánones que el municipio recibe de los distintos concesionarios, también sobresale por lo irrisorio el del bar Silos Davis con $19.819 mensuales por otro de los lugares privilegiados de la ribera central. En el otro extremo, el contrato con Mc Donald's parece más ajustado a la realidad: paga actualmente $253.258 por el nuevo emplazamiento en el Patio de la Madera.

Ceder los mejores espacios públicos por largos años, sin controles y a un bajísimo canon es un pésimo negocio para la ciudad.

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