Opinión
Domingo 09 de Julio de 2017

Entre la pena y la nada

La vieja carne al fin, por vieja que sea. Porque si la memoria existiera fuera de la carne no sería memoria porque no sabría de qué se acuerda y así cuando dejó de ser

"No es que pueda vivir, es que quiero. Es que yo quiero. La vieja carne al fin, por vieja que sea. Porque si la memoria existiera fuera de la carne no sería memoria porque no sabría de qué se acuerda y así cuando dejó de ser; la mitad de la memoria dejó de ser y si yo no dejara de ser todo el recuerdo dejaría de ser. Todo el recuerdo dejaría de ser. Sí, pensó. Entre la pena y la nada elijo la pena". Alguna vez este párrafo por siempre recordado de un personaje de "Palmeras Salvajes", bellísima novela de William Faulkner, me resultaba un tanto intrincado. Pero como una madeja, se fue desenvolviendo en prolongadas sesiones whiskeras. En verdad, el que desmenuzaba todo el rollo era el Lobo, que se sabía el párrafo de memoria. También Gary, otro compañero y amigo de la Redacción de otros tiempos, que aportaba lo suyo para que la luz se filtrara entre las tinieblas de una mente entumecida. La mía. Así supe que la soledad puede ser un terrible castigo impuesto por otros o autoimpuesto. A los estrictos y a veces no tan sinceros defensores de la receta: "Mejor solo que mal acompañado" cabría preguntarles de qué vale ser dueños de nuestros actos si no los podemos compartir. "No es bueno que el hombre esté solo". Una frase bíblica que se podrá analizar o discutir a cualquier hora. Entrada la madrugada y en compañía femenina en lo posible se me ocurre que sería mejor. Algunos, más directos, confiesan que no quieren para nada un lado vacío en su cama. En fin, si uno se siente solo cuando está solo entonces está mal acompañado. La dicha es breve y esquiva. Y en ese apostar al riesgo se podría concluir en que existir en una prisión solitaria lo hace todo más complicado y triste a la vez. No hay camino a la felicidad, sino que la felicidad es el camino, dijo humildemente Buda. Dejemos entonces que cada uno encuentre el propio sendero en su divina locura.

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