Opinión
Miércoles 31 de Mayo de 2017

El tabaco frena el desarrollo

Políticas de Estado. Se conmemora hoy el Día Mundial sin Tabaco. Los programas para que la gente deje de fumar, además de salvar vidas, también contribuyen a reducir desigualdades sanitarias.

A diferencia de lo que podría pensarse, los programas integrales de lucha antitabáquica en los países no sólo ayudan a que la gente deje de fumar y, así, a salvar vidas, sino que también contribuyen a reducir las desigualdades sanitarias y pueden limitar las consecuencias negativas para el medio ambiente del cultivo, la producción, el comercio y el consumo de tabaco.

Estos programas también buscan colaborar en romper el ciclo de la pobreza, ya que —al dejar de fumar— las personas pueden dedicar más recursos a necesidades básicas como la alimentación, la educación y el cuidado de su propia salud. También ayudan a promover la agricultura sostenible y el crecimiento económico. De hecho, el aumento de los impuestos sobre los productos del tabaco puede redundar en una mayor financiación de la cobertura sanitaria universal y de otros programas de desarrollo de los gobiernos.

De esta manera, los programas integrales de lucha contra el tabaco contribuyen al desarrollo de los países. Este es el espíritu del lema que este año estableció la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) para el Día Mundial sin Tabaco, que tiene lugar cada 31 de mayo. "El tabaco, una amenaza para el desarrollo" es la frase con la que en este 2017 se busca poner de relieve los riesgos para la salud asociados con el tabaquismo y abogar por políticas eficaces para reducir su consumo.

También es una buena ocasión para recordar el Convenio Marco para el Control del Tabaco impulsado por la OMS, un hito mundial en la promoción de la salud pública que establece un conjunto de medidas prácticas para reducir el consumo de tabaco. Un total de 180 países firmaron este tratado, entre ellos Argentina, aunque aún se espera por su ratificación parlamentaria.

Precisamente, en el país, la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Adultos (Emta) reveló en 2013 que el 75 por ciento de la población está a favor de aumentar los precios de los cigarrillos y un 92 por ciento apoya la Ley Nacional de Control de Tabaco, la cual establece medidas para desalentar el consumo. Las cifras muestran una interesante concientización de la población acerca de los beneficios que generan las regulaciones contra el tabaco.

Por su parte, la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de 2013 mostró también una reducción en el consumo de tabaco al descender al 25,1 por ciento de la población, dos puntos por debajo los números reflejados en el mismo sondeo de 2009, que situaba esta cifra en el 27,1 por ciento. En el mismo lapso, la exposición al humo de tabaco ajeno en lugares de trabajo se redujo del 34 al 25 por ciento, mientras que en bares y restaurantes hubo una fuerte disminución: del 47,2 al 23,5 por ciento.

Las regulaciones, sumadas a las campañas de Comunicación contra el consumo de tabaco, colaboraron en este combo virtuoso que redundan en múltiples beneficios para el país. Entre ellos, ayuda a reducir la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles, como las afecciones cardiovasculares, el cáncer y enfermedad pulmonar obstructiva crónica. De esta manera, además, se contribuye con la Agenda 2030, establecida mundialmente para el desarrollo sostenible.

De todas formas, no solo son los gobiernos quienes deben redoblar los esfuerzos para potenciar los avances: todos podemos poner nuestro granito de arena para poner fin al consumo de tabaco. Nuestro compromiso no sólo nos ayudará a nosotros, sino a todos. Así, estaremos colaborando para proteger la salud, reducir la pobreza y promover el desarrollo.

(*) Representante de la Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) en Argentina

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