Opinión
Lunes 16 de Enero de 2017

El rugby hizo lo que la diplomacia no pudo

El rugby volvió a dar una lección de que el deporte es una herramienta de superación valiosa. Lo que muchas veces la diplomacia no pudo hacer, una pelota ovalada otra vez lo logró. Ayer el rugby volvió a ser protagonista. En La Habana, un equipo de Cuba y otro de Estados Unidos dieron un paso adelante en el enlace entre ambos países jugando un partido "histórico" ya que se realizó por primera vez desde la apertura de las relaciones diplomáticas entre ambos. Y lo hicieron en un contexto sumamente llamativo: justo a una semana de que Donald Trump se instale en la Casa Blanca, y en Cuba, donde el béisbol es el deporte nacional y el fútbol junta cada vez más seguidores. No hubo anuncios rimbombantes ni grandes coberturas en los medios, pero lo que sucedió en la isla va mucho más allá de lo que fue el partido.

La organización de este encuentro, que contó además con jugadores uruguayos y argentinos (entre ellos el rosarino Federico Pucciariello), estuvo a cargo de la Fundación Rugby Sin Fronteras, una institución que con todas sus acciones puede jactarse de estar "acostumbrada a soñar y a superar las barreras de lo imposible". Es que no es la primera vez que la fundación realiza este tipo de partidos. Ejemplos tienen muchos, como el encuentro por la paz entre palestinos e israelíes en pleno conflicto bélico en la Franja de Gaza o el homenaje a Nelson Mandela en la cárcel de Robben Island.

Uno que nos tocó de cerca ocurrió no hace mucho tiempo cuando ex combatientes de Malvinas, tanto argentinos como ingleses, se juntaron en el sur de Londres para despuntar el vicio (dejando enterradas las barbaridades del conflicto) y se fundieron en un abrazo cuando terminó el partido, poniendo blanco sobre negro que el deporte está más allá de cualquier barrera.

Ayer, el presidente de la fundación, Juan Bautista Segonds, destacó que "a partir de la apertura entre ambos países pensamos que era una buena oportunidad de utilizar el rugby como un encuentro, porque el deporte tiene que estar por encima de cualquier situación política o social".

Ante semejante enunciado es lógico que el resultado pase a un segundo plano, aunque los números indiquen que el combinado cubano se impuso por un categórico 30-7. Fue más valioso el segundo partido, el que jugaron con los jugadores mezclados y más aún el scrum gigante que cerró la jornada, porque en vez de pujar, todos empujaron en una misma dirección. Esta vez, y más que nunca, el rugby no tuvo fronteras.

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