Opinión
Viernes 03 de Febrero de 2017

El protagonismo de los huesos

Hay que esperarlo, lleva su tiempo. Cuando el cuerpo tiene plena potencia se esconden entre los músculos, pero después, poco a poco empiezan a hacerse notar. Primero, los huesos llaman la atención con los pinchazos de la artrosis y, como no les alcanza, comienzan a sobresalir y a mostrarse impúdicamente debajo la piel.

Antes de todo eso hubo un sinnúmero de señales enviadas a un remitente que las despreció por el solo hecho de que nadie quiere admitir que se está volviendo viejo, o que ya lo es. Y en ese empeño, el de ignorar la pila de años que se amontonan aunque no sean invitados, se desencadenará una lucha que está irremisiblemente condenada al fracaso.

Dietas, pilates, carreras, yoga, ensure, boxing para frenar apenas el pelotón de arrugas y colgajos de una piel cansada de luchar contra la ley de la gravedad.

Los cosméticos pueden llevar a la tierra prometida solo hasta cierto punto, llega un momento que hasta ellos, los dueños del marketing, de frasquitos fantásticos y olores embriagantes, también tiran la toalla.

No hay con qué darle, los hombros abandonarán redondeces de carne firme y servirán más que todo como percha de bolsos y carteras, las paletas marcan cimas de dunas debajo las telas, los antebrazos se afinan y sobresalen los codos, y la cintura de los pantalones va perdiendo puntos de apoyo y se tienen que agarrar de los rollitos. Las manos y los pies se deforman.

Pero todavía hay fuerzas para silbar, para contar lindas historias, para darle una caricia a un corazón angustiado, para prepararse un café o servirse whisky, escuchar música y acordarse, al fin, que se ha vivido.

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