Opinión
Domingo 07 de Mayo de 2017

El PJ y los autos chocadores

Si no hay un proceso interno que unifique voluntades, el peronismo terminará neutralizado por sus propias flaquezas. El "no" de Cristina. Rodenas se reunió con senadores. Candidaturas en Rosario.

El peronismo se parece más a una pista de autitos chocadores que a un colectivo capaz de hacerle daño al gobierno nacional. Es la dispersión justicialista en varios pedazos lo que le dará sobrevida al proyecto macrista, que hoy se sostiene mucho más por el temor del regreso al pasado que por el ocre presente de la gestión Cambiemos en materia económica.

Algo de ese escenario confuso se registra en Santa Fe. Agustín Rossi plantó bandera y decidió ser candidato por adentro del PJ, lo que encendió las luces de alarma en el peronismo no kirchnerista respecto de concurrir a comicios con una lista surgida de las Paso o autorizar la constitución de frentes, como sucedió en 2009.

Los justicialistas no kirchneristas sostienen que Rossi tiene un buen piso que puede dificultar ganarle una interna, pero un techo muy bajo, al punto de no poder arañar, siquiera, el segundo lugar. Traducido: si el ex ministro de Defensa gana la interna (como sucedió en 2011, cuando derrotó a Omar Perotti y Rafael Bielsa) la propuesta del PJ será kirchnerista y si pierde estará en la lista.

Pero hubo novedades en las últimas horas. La jueza Alejandra Rodenas —a quien daban sin posibilidades de encabezar una lista— se reunió con senadores, presidentes de comuna, intendentes y sindicalistas. Del encuentro con los senadores, apareció un pedido concreto para que la magistrada encabece la nómina del PJ. La formalización (o no) de su candidatura se dará en el congreso partidario, que se adelantó para el 24 de mayo.

Cristina, blanco y negro

Esos dilemas respecto de una época que no termina de morir en el peronismo y de otra que no termina de nacer complica hasta el paroxismo el futuro inmediato. Hoy, por lejos la referencia que más mide nacionalmente es la ex presidenta Cristina Kirchner. Pero, a la vez, es la que peor imagen tiene en la constelación política argentina.

Por afuera de Cristina todos tienen muy poco, y eso parece condenar al PJ en lo inmediato. El único factor de poder que quedó en pie tras la avalancha macrista está en las Gobernaciones. Los gobernadores peronistas, sin embargo, tienen el cuero duro como las rocas. No van a salir a batir el parche por ningún personaje de la historia que no sea ganador en el presente ni despierte seguridades a futuro.

Los mandatarios provinciales conocen como nadie el estado de las cosas en relación al gobierno nacional y el destino electoral en los comicios de mitad de mandato. Manejan encuestas periódicas y están al tanto de las acciones políticas de entrismo en las provincias.

Mauricio Macri está mucho mejor en los sondeos que lo que sugiere el estado de la economía, repleto de piedras en el camino, sin ningún brote verde y con la inflación pegando con fiereza en el ánimo de consumo. Ahora, varios repiten lo que se dijo hace tiempo: hay un porcentaje importante de la sociedad que votará por Cambiemos sin tener en cuenta la economía. Una especie de remake del "no le ate las manos a Alfonsín", del 85.

Es curiosa la desorientación de algunos ante el escenario de novedad que se presenta cuando hay cambios de gobiernos en la Argentina, y el oficialismo debe enfrentar los primeros comicios legislativos. Lo trascendente y primordial es que el primer candidato a diputado nacional del oficialismo no haga perder votos. La cuestión del conocimiento es secundaria. El candidato es el presidente de la Nación.

Al respecto, habrá que esperar para saber si Macri prefiere jugar con un postulante made in PRO en Santa Fe, o si como pieza de un tablero nacional se inclina por alguna referencia radical. Del punteo del presidente también dependerá si hay o no internas en el macrismo.

Pero hay que volver al peronismo nacional, espacio clave para monitorear las chances propias pero también las del oficialismo. Si Cristina no es candidata (como sugiere la razón y el sentido común), esa decisión pondrá al peronismo a baño María hasta el 2019. Cualquier miniliderazgo que pueda surgir quedará eclipsado por los movimientos de la ex presidenta.

Si Cristina resuelve pasar del 54 por ciento de los votos a presidente que cosechó en 2011 a una posible derrota con algún candidato menor de Cambiemos estaría decretando su fecha de defunción política. Y salvo Fernando de la Rúa y Aníbal Fernández, nadie se suicida en política.

Es verdad que hay toda una corriente de dirigentes y de militantes que preferiría ver a CFK recorriendo la provincia de Buenos Aires como postulante a senadora o a diputada, pero sabe la otrora jefa del Estado que una decisión en ese sentido aumentaría la polarización y el voto a Cambiemos, sea cual fuere el candidato.

El jueguito de la grieta, que los macristas repudiaban cuando gobernaba el kirchnerismo pero incentivan ahora que gobiernan ellos, deja al margen a Sergio Massa, quien hoy está como un jarrón chino: no sabe donde ponerse. Encima, la aparición de Randazzo no es algo que le ofrezca incentivos. La gran pregunta: ¿qué beneficio electoral puede proporcionarle desde lo cuántico Margarita Stolbizer, quien cosechó el 2,5 por ciento en su última presentación? ¿ Quo vadis Sergio?, sería otra pregunta.

En Rosario, de a poco, empiezan a definirse postulaciones. Otra vez la interna peronista parece que pasará por Roberto Sukerman y Fernando Rosúa y la tríada del Frente Progresista será Pablo Javkin-Verónica Irízar-Sebastián Chale.

La novedad se dio por estas horas en Ciudad Futura: el pastor evangelista Eduardo Trasante será el primer candidato a concejal, seguido por la abogada Jesica Pellegrini y el psicólogo Franco Ingrassia. No está en la nómina Tomás Monteverde, hermano de Juan, actual concejal. Sana decisión de no apostar a la portación de apellido.

Con los riesgos que acarrea trazar un pronóstico a casi seis meses de las elecciones, debe decirse que en Rosario habrá un abanico de propuestas tan amplio que puede haber un ganador con menos del 30 por ciento de los votos, como ocurrió en 2013, momento en que el socialista Miguel Cappiello triunfó con un módico 28 por ciento.

Al fin, la política preelectoral aquí, allá y en todas partes empieza a sacarse las telarañas, sin demasiadas expectativas por nombres e ideas.

Diría Charly García: "Lo que ven es lo que hay".

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