Opinión
Jueves 28 de Septiembre de 2017

El peronismo, los gatos y el futuro

Claves. El divisionismo en la oposición desvirtúa hasta las citas de Perón. Cambiemos extenderá su influencia el 22 de octubre. Hasta aquí, el oficialismo tiene el 36% del voto nacional y la oposición el 64%.

"Los peronistas somos como los gatos: cuando parece que nos peleamos, nos estamos reproduciendo". Lo dijo Perón allá lejos y hace tiempo, pero hoy esa frase no va más. El peronismo no tiene ninguna chance de volver al poder ni de ganar elecciones nacionales, porque las actuales peleas no reproducen la especie, las hacen funcionales al macrismo.

El gobierno nacional vive su mejor momento desde que pasó la luna de miel con la sociedad en los primeros meses de 2016. Al margen de los vaivenes económicos, de la saga de errores alrededor del Caso Maldonado y de la increíble situación del ministro de Economía, Nicolás Dujovne, con la mayoría de su patrimonio en el exterior, la Casa Rosada ha logrado instalar una sensación de triunfo que, incluso, podrá extender los festejos a provincia de Buenos Aires y Santa Fe.

La vida les ríe y canta al presidente de la Nación y a la gobernadora bonaerense. ¿Qué mejor cosa les podría pasar que la televisación en cadena de las tropelías del Pata Medina, un sindicalista que representa todo lo que la mayoría de la sociedad quiere dejar atrás? Medina representa el perfecto contraste con el sindicalismo moderno, y le sirve a Mauricio Macri para corporizar y ponerle nombre y apellido a "las mafias del sindicalismo", sobre las que se refirió hace algún tiempo.

No es naíf ni candorosa la furia mediática con la que TN cubrió todo el día la búsqueda de Medina, un hecho menor e insignificante que se resolvió de una manera previsible. En verdad, el episodio fue un mensaje a todo el sindicalismo que, ahora, pasará algunas horas a la defensiva. Es inédito que en un año electoral, con un gobierno no peronista, ni se hable de la eventualidad de un paro. ¿Cambiamos?

Si el macrismo gana en provincia de Buenos Aires y Santa Fe, habrá logrado imponerse en los cinco Estados principales. El único que pudo hacer lo propio en comicios legislativos de mitad de mandato fue Ricardo Alfonsín, en 1985. Con el peronismo convertido en un damero, el principal riesgo del gobierno está en la calle, en las medidas de protesta sindicales. El impresentable Pata Medina no será el único que deberá dar explicaciones ante la Justicia. Ante eso, no son pocos los que le piden al ministro de Trabajo, Jorge Triaca, charlar un ratito con el jefe del Estado.

Al margen del frondoso blindaje mediático del que dispone el gobierno, es adentro del peronismo donde se refleja el estado de crisis. Incluso, empiezan a aparecer algunas voces impensadas que, con lucidez, advierten el estado de situación adentro del kirchnerismo. "Cristina es un liderazgo del cual mucha gente en este país está hastiada, agotada, cansada. La figura de Cristina fatiga". No lo dijo un opositor o un intelectual de los que van a TN, lo sentenció José Pablo Feinmann, el domingo pasado, en una entrevista periodística. Feinmann fue un escritor que siempre estuvo cerca de Néstor y Cristina.

Con Cristina sola no alcanza, pero sin Cristina el peronismo es la nada misma. Da un poco de pena ajena ver y escuchar a Florencio Randazzo, quien ha llevado al PJ al cuarto lugar, por primera vez en la provincia de Buenos Aires. Además de Randazzo, el presidente del bloque justicialista en el Senado, el siempre saltarín Miguel Pichetto, adelantó que no harán causa común ni bloque conjunto con Cristina. "Gracias, caja de empleados", podría decirle Pichetto a Macri.

La centralidad que mantiene la dos veces presidenta le viene de perillas a Cambiemos para saltear al resto de la oposición, un conglomerado de pequeñas tribus. Esta situación de grieta abierta provocó una decisión extrañísima de parte del gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, quien decidió retirar su lista de candidatos a diputado nacional para favorecer al macrismo, que perdió por casi veinte puntos con el Frente para la Victoria en primarias. "Carece de sentido participar de una disputa donde la influencia de lo nacional es tan fuerte", dijo el mandatario rionegrino. Increíble pero real.

Ese esquema de divisionismo peronista produce otro dato sorprendente. Del resultado de las Paso se desprende que el oficialismo tiene el 36 por ciento de los votos nacionales (casi un calco de lo obtenido en la primera vuelta presidencial) y la oposición el 64 por ciento. El porcentaje menor es del macrismo, pero no lo comparte con nadie. En cambio, la mayoría opositora está representada por infinidad de sellos. Que ni siquiera llegan a ser marcas, en muchos de los casos.

Es tal la situación de confusión adentro del peronismo que por estas horas no son pocos los que creen que habrá un desembarco masivo de diputados massistas en el Bloque Justicialista. Otros, no descartan que el propio Massa pueda regresar al PJ. Alguien debería aconsejarle al ex intendente de Tigre que se tome alguna campaña electoral sabática. Desde el 10 de diciembre próximo se quedará afuera del Congreso.

Entre los funcionarios del Ejecutivo sobrevuela un clima triunfalista que, incluso, los lleva a pensar a en un nuevo mandato de Mauricio Macri. Kirchner decía que el poder se basa en "la obra pública, la caja y una reelección". Macri puede hacer uso de las tres cosas.

Lo que deberá hacer sí o sí el gobierno es evitar que buena parte de ese 64 por ciento de masa opositora pueda atar las puntas de un mismo lazo a la hora de un ballottage. A diferencia del aquí y ahora, no le convendrá demasiado apostar a una polarización con grieta exclusiva. Este diario adelantó que Cristina no será candidata en 2019. Ella misma lo ratificó con su propia voz. Tal vez, el 22 de octubre sea la última participación electoral de la ex presidenta.

Al fin, todo el mapa político opositor deberá ir reconfigurándose si es que quiere hacerle cosquillas, al menos, al gobierno. Por las dudas, el gobernador Miguel Lifschitz y la intendenta Mónica Fein ya avisaron que el Frente Progresista no irá con el kirchnerismo "ni a la esquina".

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