Opinión
Miércoles 09 de Agosto de 2017

El futuro y la energía nuclear

En los últimos meses se ha instalado mediáticamente una discusión acerca del rol de la energía nuclear en la matriz energética en la Argentina, que ha dependido históricamente de los hidrocarburos, tanto para la producción de combustibles y gases para el consumo como para la generación de energía eléctrica.

En los últimos meses se ha instalado mediáticamente una discusión acerca del rol de la energía nuclear en la matriz energética en la Argentina, que ha dependido históricamente de los hidrocarburos, tanto para la producción de combustibles y gases para el consumo como para la generación de energía eléctrica.

El Ministerio de Energía y Minería de la Nación estimó que en los últimos diez años (2006-2016) han contribuido en un 86 por ciento promedio a la producción de recursos destinados a la generación de energía, aunque con una tendencia decreciente en los últimos años por el impulso que están tomando tanto las inversiones públicas como privadas hacia fuentes de generación más limpias, entre ellas la nuclear con la puesta en marcha de Atucha II, la Extensión de Vida de la Central Nuclear de Embalse y las renovables (eólica y solar).

En muchas ocasiones, se intentó caracterizar a la energía nuclear como poco segura, contaminante y obsoleta. Presentándola como un enemigo del desarrollo y la sociedad en su conjunto. Similar al discurso que tenían los comerciantes de carros y caballos cuándo hizo su aparición el invento del automóvil por motor de combustión interna con nafta. Hay que tomar conciencia que el principal enemigo de la sociedad del siglo XXI son los combustibles fósiles —gas, petróleo, carbón—, que fueron el gran motor del siglo XX. Tal es su importancia que, al día de hoy, todavía son el pilar de la producción de energía eléctrica mundial. Ese es el verdadero problema. Esta quema de restos fósiles son los principales responsables de las emisiones contaminantes de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera. Una realidad que amenaza con causar desequilibrios enormes en nuestro planeta. Esto incluye destrucción completa de ecosistemas, acidificación de los océanos, derretimiento de los casquetes polares y aumento del nivel del mar. Es como si estuviéramos dictando la sentencia de muerte a nuestra propia especie humana. El consenso científico sobre el cambio climático aporta otro dato: disponemos de poco tiempo para efectuar ajustes antes de que las consecuencias sean irreversibles.

La energía nuclear, en cambio, ofrece una alternativa que permite fabricar energía de forma sistemática con un nivel bajísimo de emisiones de CO2 a la atmósfera. Además, es compatible con otras energías renovables en una matriz diversificada y limpia. El desarrollo nuclear es un estratégico polo de desenvolvimiento industrial, científico y tecnológico de invalorable impacto y efecto multiplicador en la actividad económica y el empleo, por un lado, así como a nivel de un sistema energético seguro, moderno, accesible y asequible, por el otro.

Fabián Ruocco

Télam

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