Opinión
Viernes 23 de Junio de 2017

El folklore como excusa

Viernes, 21 de junio de 2013. Avellaneda. Aquella noche fría de invierno, Racing se impuso 3 a 0 a Unión de Santa Fe, cerrando su participación el en torneo.

Viernes, 21 de junio de 2013. Avellaneda. Aquella noche fría de invierno, Racing se impuso 3 a 0 a Unión de Santa Fe, cerrando su participación el en torneo. Pero esa jornada es recordada por otro hecho, de mayor trascendencia, frente a los ojos del mundo del fútbol. Esa noche se festejó el descenso del eterno "¿enemigo?", Independiente. Se organizó una marcha fúnebre con la complicidad de hinchas y dirigentes.

Este tipo de situaciones forman parte de nuestro fútbol, del ingenio popular que nos enorgullece, de la cultura del honor, del folklore del deporte que lo vuelve tan colorido, apasionante y atractivo. Pero cabe reflexionar: ¿no se ha convertido acaso el folklore del fútbol en una excusa para avalar situaciones de violencia, menosprecio, en detrimento de la persona humana?

Pasaron 4 años del aquel suceso, pero evidentemente no nos dejó un aprendizaje, el escenario no ha cambiado mucho. Boca se ha consagrado como un justo campeón del fútbol argentino. Lo que debería despertar alegría por el objetivo conseguido, el logro deportivo, se ha convertido en motivo de burla, de cargadas y chicanas en la comparación con un otro. ¿Por qué nos cuesta tanto disfrutar del propio triunfo? ¿Cómo podemos pensar en mostrar otro camino, cuando son los propios jugadores y dirigentes quienes promueven estas situaciones?

El festejo de los jugadores de Boca con cánticos, insultos, sábanas, fantasmas de por medio, podría ser pasado por alto, visto como un hecho menor que responde al comportamiento usual del hincha argentino. He aquí un punto crítico. Hemos perdido de vista que lo que sucedió anoche, o lo que ocurre semanalmente en nuestras tribunas, debe ser contemplado desde otra mirada.

Sería muy fácil recaer toda la culpa sobre los jugadores. Por supuesto que son responsables en su rol de modelos de identificación para gran parte de la población. Sin embargo, el análisis debe ser más amplio. Hinchas, políticos, dirigentes, entrenadores, periodistas, son parte de la causalidad de la violencia en el deporte. Desde todos los estratos nos hacen creer que los partidos son "de vida o muerte". La violencia genera violencia.

Como bien retrata el personaje Pablo Sandoval —personificado por Guillermo Francella- en "El secreto de sus ojos·, el fútbol despierta pasiones que la lógica no comprende. "El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede: no puede cambiar de pasión…". Sin embargo, más allá de vivenciar al fútbol desde lo más pasional e instintivo, tenemos el gran desafío de poder disfrutarlo siendo responsables, tomando conciencia de lo que decimos y hacemos, actuando como agentes de cambio positivo. ¿Difícil? Tal vez, ¿Imposible? No lo creo, es un partido que tenemos que comenzar a jugar.

Sebastián Blasco

Psicólogo deportivo

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