Opinión
Miércoles 30 de Agosto de 2017

El Doctor Google

Otros tiempos. La relación médico-paciente, tal como la conocimos durante décadas, ingresó en una etapa diferente. Ahora, la tecnología y las redes sociales comenzaron a ocupar ese lugar de privilegio.

Conviven habitualmente en charlas informales entre colegas; son dichos frecuentes entre amigos y muy comunes recuerdos compartidos con nuestros pacientes la disyuntiva no resuelta que se nos presenta ante la opción de elegir entre aquel recuerdo nostálgico del idealizado médico que acudía a nuestros domicilios en la Argentina de los años 50 y la deshumanización que conlleva el avance irrefrenable de la tecnología.

En el primer caso, recordamos a ese distinguido y respetable profesional que conocía personalmente a los miembros de la familia y que atendía a todos por igual. Eramos sus pacientes, desde la abuela hasta los niños y inclusive, muchas veces controlaba también el embarazo de las más jóvenes.

En lo personal, evoco esos momentos mágicos cuando ansioso esperaba la visita del médico asomado en el balcón de mi casa. Recuerdo perfectamente la curiosidad que me despertaba verle llegar y bajarse de un poderoso auto, ese que ni en sueños podría yo llegar a tener.

Eran los tiempos en que previo a su llegada, las amas de casa se preparaban para recibirlo: ponían sábanas y toallas reservadas especialmente para éstos acontecimientos. La visita culminaba generalmente con un café caliente que el galeno tomaba sin apuro, mientras charlaba informalmente con todo el grupo familiar.

El otro de los relatos, al que hacemos mención en la disyuntiva planteada al inicio de éste ensayo, es algo totalmente opuesto a ese retrato del pasado. Remeda el caso de gran cantidad de pacientes y sus familiares que no sólo escuchan la palabra del médico en el consultorio sino que se informan también a través de la formidable herramienta que hoy se nos brinda en forma sencilla y gratuita a través de Internet.

Hoy ya es una realidad, y vaya sí hemos tenido que acostumbrarnos, el ser interrogados sobre nuestra opinión sobre tal o cual cosa que nuestros pacientes han leído en alguna de las innumerables páginas que con información médica versátil o no, están al alcance de un click en los teléfonos inteligentes.

Tampoco ya nos llama la atención la solicitud de acceder a una "segunda consulta" realizada por prestigiosos médicos extranjeros que, vía skype observan todos los estudios realizados, emiten su diagnóstico y aconsejan la terapéutica que estiman es la correcta.

Que decir de las cada día más frecuentes consultas por WhatsApp, que con mensajes de texto, fotos y filmaciones nuestros enfermos utilizan, cada vez con mayor frecuencia, para consultarnos o informarnos en tiempo real y al detalle la evolución de su enfermedad.

Sin embargo, estas dos situaciones planteadas, el médico de familia y el apoyo de la tecnología, pronto podrían comenzar a ser obsoletas, ya que lo que realmente está por desplegarse es la definitiva llegada del Doctor Google, como nuestro médico de cabecera.

Es muy posible que en poco tiempo más, lo que hasta ahora es una intermediación brindada por la web entre nosotros y el paciente, evolucione de tal manera que el médico deje de ser necesario y la consulta se realice con el procesador directamente.

Los prototipos ensayados son capaces de interpretar los motivos de consultas, solicitar los estudios complementarios necesarios y —en cuestión de segundos— consultar miles de opiniones de casos similares, analizar resultados, comparar estadísticas y revisar estudios de avanzada.

Finalmente, nuestro médico de cabecera —el Doctor Google— emitirá un diagnóstico y tratamiento avalado por toda una biblioteca virtual que jamás ningún ser humano podría llegar a consultar, así se tomara toda la vida estudiando un único caso.

Quedan ya pocas dudas que en el futuro, el médico aquel que cubría todas nuestras necesidades y expectativas va a ser reemplazado por este nuevo actor de la medicina con capacidad técnica para solucionar todos nuestros problemas orgánicos.

Paralelamente habremos desechado definitivamente nuestro tan resguardado tesoro —la relación médico-paciente— que con su enorme efecto contenedor suplió durante siglos toda nuestra ignorancia.

Doctor Jorge Galíndez

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