Opinión
Domingo 19 de Marzo de 2017

El dinosaurito

Chiquito, de unos cuatro centímetros de largo, el dinosaurito rex ofrecía su imagen más simpática.

Estaba tirado sobre un costado en las veredas nuevas de Entre Ríos, en el cruce con Ricardone. Chiquito, de unos cuatro centímetros de largo, el dinosaurito rex ofrecía su imagen más simpática. El plástico verde y las pecas marroncitas suavizaban su cara que simulaba una fiereza mal instalada. No se cansaba de estar al acecho de una presa inexistente, con las dos poderosas piernas flexionadas y los brazos extendidos para darle el máximo alcance a las diminutas manos. Parecía alguien que corre tras la promesa de la felicidad.

Resultaba extraño que nadie reparara en el estático animalito, confundido entre los pequeños adoquines que remata la esquina. Hubiese pasado por un gekko desconcertado, tantos que ahora han colonizado la ciudad; la apariencia era idéntica. La gente (las suelas de los zapatos de la gente) le pasaban demasiado cerca, en cualquier momento era prensado contra el suelo sin piedad. Y de pronto llegó la salvación, un nene de unos cuatro años lo alzó con sus deditos y lo puso a salvo apretándolo fuerte en la mano. Era el dueño, que lo había perdido mientras hacía malabarismos para sostener un cartuchito de jugo que le habían comprado en un quiosco cercano.

Fácil es imaginarse cómo fatigó los ojos el chico para encontrar al juguetito, debe haber estado recorriendo la vereda una y otra vez con el corazón oprimido por la pérdida.

Eso les pasa a los chicos con algunos juguetes, o algún objeto que pasa a ser el preferido vaya a saber uno por qué razón y no hay sustituto que valga cuando se pierden.

Por eso los fabricantes tienen que hacer juguetes con repuestos. No puede ser que no haya otra rana René con patas y manos larguísimas, como ésa que la nena perdió hace siete años y no apareció más.

Comentarios