Opinión
Jueves 23 de Febrero de 2017

El colchón tirado

Es que un colchón está entre los objetos más íntimos de las personas.

Aparece recostado sobre un contenedor, que lo soporta con culpa porque no lo puede guardar. Es imposible no verlo, por lo general el colchón está recubierto de una tela de colores claros, o blanca y no deja de asombrar la falta de recato de quienes lo tiraron. Así nomás, sin siquiera considerar la posibilidad de dárselo a alguien que no tenga, a Cáritas, al Ejército de Salvación, o guardarlo (como agradecimiento postrero) para dar alguna comodidad a un visitante inesperado.
Es que un colchón está entre los objetos más íntimos de las personas, más que la mesa de la cocina, el aparador de lata, el cristalero que la abuela trajo de Italia.
El colchón es el escenario de sueños fantásticos, recoge las lágrimas derramadas en medio de una noche impiadosa, las sonrisas de recuerdos placenteros, el cosmos infinito y único de parejas apasionadas. Es el abrazo seguro de un recién nacido, y para algunos es lo único que tienen al final de la jornada.
Por eso un colchón tirado en la calle causa desazón. Es parte de la historia propia de alguien, ha tomado su olor y su forma con el correr de los años, ha sido el guardián de los pensamientos más oscuros, de las dudas más crueles, el cofre de tantas peleas perdidas.
El colchón nuevo irrumpirá en su reino con ínfulas. Será mimado, dado vuelta a lo largo y a lo ancho cada tanto, perfumado, sacudido, desinfectado hasta que después de un largo tiempo y con las huellas de las historias de sus dueños en el cotín, se canse, se cansen, y termine al costado del contenedor.

Comentarios