Opinión
Jueves 09 de Marzo de 2017

El calor es una cuestión de Estado

Todavía faltan unas dos semanas para que la estación más rigurosa del almanaque empiece a dejar estos lares...

Todavía faltan unas dos semanas para que la estación más rigurosa del almanaque empiece a dejar estos lares para imponer, primero seductoramente y con toda la prepotencia después, el agobio que hace que la gente vaya caminando por la peatonal Córdoba con la boca abierta como pescados, con la ropa manchada debajo las axilas, obligando a tomar bebidas refrescantes que lo que menos hacen es eso, la frente perlada de transpiración, que se manifiesta cayendo a chorros desde el pelo. Basta, todos saben eso y tanto más.

El calor incomoda al que trabaja, y si la piel tostada no fuese una foto imperativa del veraneo, molesta al que goza del ocio, cualquiera sea.

De modo que, como el Estado se toma muy a pecho el bienestar de los habitantes, fiel a los mandatos y costumbres argentinas, es hora de que se nombre una comisión que tome cartas en el asunto y arbitre las medidas necesarias para atemperar los rigores de la estación mortadela, porque pocos la quieren pero nadie lo dice.

No es una locura plantearlo. Tampoco es necesario que se concrete a la brevedad porque doblegar la naturaleza suele ser difícil, aunque quizás no tanto como dar a la gente los tópicos que hacen a la buena vida (ya se recontra sabe, salud, educación, trabajo, vivienda, realización personal, llámenlo como quieran).

Un detallecito, cualquier acción que se emprenda debe estar alejada de la época de elecciones, de modo que los candidatos no sumen la doma del verano a sus promesas, esas que incluyen un puente y el arroyo pertinente.

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