Opinión
Sábado 28 de Enero de 2017

El cafecito

Es una bendición, un regalo para el alma. Sentarse en un bar y tomar un café justo cuando la mala afloja un poco.

Es una bendición, un regalo para el alma. Sentarse en un bar y tomar un café justo cuando la mala afloja un poco. Ni hablar si la mesita, de mimbre, enclenque, está en la vereda frente al teatro El Círculo, donde el curioso empedrado obliga a los conductores a aminorar la marcha, sumando un poco de sosiego al entorno.

Los adoquines, los grandes, dan un entorno especial al teatro, termina la imagen de época que le corresponde y a la digna prosapia que lo sustenta, al teatro.

También la gente acompaña. El quiosco de Laprida y Mendoza es un centro vecinal paquete. El quiosquero es un avezado bandoneonista que la mayoría de las tardecitas impregna con sonidos melodiosos la atmósfera. Toca con notable maestría, sin estridencias ni efectismos. También vende muchos libros, otro imán para los que pasan, que lo saludan y el responde con una cabezadita, mientras inclinado sobre el fuelle comparte sentimientos desde las melodiosas interpretaciones.

A la mañana y a la tarde la esquina se viste con las remeritas blancas de los chicos que van al jardín de infantes de Laprida. Pasan tironeados de una mano por la madre o el padre agitando en las espaldas unas minúsculas mochilas. Muy temprano les enseñan que deben cargar algún tipo de peso; les viene bien, empiezan a acostumbrarse a lo que les espera.

Mientras el café se pueda tomar (hay amplia resignación al respecto) está todo bien. Já, el estrafalario saludo de forma actual. ¿Cómo puede estar "todo bien" cuando uno es un papelito en el viento?


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