Opinión
Viernes 24 de Febrero de 2017

El bolsillo y las urnas

La caída del consumo interno no es solo un dato estadístico de la economía de un país.

La caída del consumo interno no es solo un dato estadístico de la economía de un país. Detrás de la pérdida de poder adquisitivo se escriben miles de historias de personas que no llegan a fines de mes, empleos que se pierden y comerciantes obligados a bajar las persianas.
Todos factores que hacen a la vida y las preocupaciones cotidianas de los argentinos, pero que difícilmente desestabilicen a los arquitectos de la macroeconomía, ocupados en que cierren los números.
"Diciembre fue malo en relación a 2015, pero febrero será mucho peor", resumió con resignación un joven titular de un local de calle Maipú, en pleno centro de la ciudad. Hace dos años, ese mismo comerciante esperó hasta después del festejo de San Valentín para cerrar por vacaciones porque las ventas eran muy buenas; ahora, cuenta, el Día de los Enamorados pasó sin un suspiro de romanticismo.
En realidad, el mismo panorama que vivió la gran mayoría de sus colegas. La caída promedio del consumo interno en 2016 en productos de la canasta básica fue del 4,7%, la más pronunciada de los últimos años; hay que remontarse hasta 2002, con el país incendiado tras el gobierno de Fernando de la Rúa, para encontrarse con un golpe tan pronunciado.
Es cierto que la tendencia a la baja ya se había sentido en 2014 y 2015, con retracciones de 1,4 y 0,2%, muy lejos del derrumbe del último año. En diciembre, para corroborar que las sensaciones muchas veces tienen correlato cierto en las estadísticas, la caída fue de 5,9% en comparación con el mismo mes de 2015.
Esta retracción generó una espiral negativa y repercutió en el cierre de locales comerciales: en el centro rosarino hay casi 300 vacíos, al menos uno por cuadra. En la zona comprendida entre Oroño, Buenos Aires, Tucumán y Mendoza se incrementó un 13 por ciento el número de inmuebles sin actividad.
Estos datos encienden las alertas, más aún si se tiene en cuenta la "evolución negativa" que viene mostrando la tasa de ocupación, de acuerdo a un estudio comparativo interanual elaborado por la Federación Gremial de Comercio e Industria de Rosario.
Tampoco ayuda la situación general, ya que la posibilidad de pérdida del empleo es una amenaza latente; de hecho, de acuerdo a lo que dijo el propio presidente Macri, se cayeron 100 mil puestos de trabajo en la primera etapa de su gobierno y se crearon 60 mil en los últimos seis meses.
De acuerdo a lo que aseguran la mayoría de los especialistas económicos, a partir de abril comenzaría a verse mayor movimiento como consecuencia de las paritarias y el reacomodamiento salarial.
Más allá de eso, no son muchas las decisiones que ha adoptado el gobierno para apuntalar el consumo interno.
El intento más firme hasta ahora es el programa Precios Transparentes, que entró en vigencia en febrero. Para que sea efectivo requerirá de una campaña de concientización sostenida y de controles. Y ninguna de las dos cosas se está haciendo.
El arranque de 2017 encuentra a muchos argentinos con poco dinero en los bolsillos e incertidumbre por su futuro laboral, una combinación para nada gratificante.
El gobierno de Macri se juega mucho en las elecciones legislativas previstas para dentro de unos meses. Tiene poco tiempo y muchos frentes abiertos. Si pretende evitar un porrazo, debe comenzar a entregar las respuestas que la sociedad espera. Allí, esa cuestión tan simple como crucial, definirá en las urnas buena parte de su futuro.

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