Opinión
Jueves 05 de Enero de 2017

Desensillar hasta que aclare

CLAVES. Bonfatti pone en duda una candidatura y pide una amplia discusión y debate en el partido. Corral evalúa los riesgos de jugar a todo o nada. Malestar de Lifschitz por los 25 mil millones a Vidal.

Con las inundaciones en algunos departamentos, el 2017 ha comenzado en la provincia de Santa Fe como un déja vú del comienzo de 2016, aunque sin prófugos correteando por Cayastá. Algo sí es absolutamente diferente: comienza a correr un año electoral.

La decisión de Miguel Lifschitz de evitar el desdoblamiento estuvo cargada de sentido común y la inexistencia de objeciones de todo el arco político muestra una realidad tangible: ningún partido, frente o agrupación tiene hoy un ancho de espadas para ganar las elecciones. Que las primarias sean recién en agosto les da tiempo a todos.

A la par del flamante calendario, el presidente de la Cámara de Diputados, Antonio Bonfatti, decidió mantener su auto en boxes ante el run run constante respecto de una candidatura a la Cámara baja nacional. Lo dijo con todas las letras su referencia política más cercana, el ex ministro de Gobierno, Rubén Galassi: "Lo tiene que decidir el partido, Me gustaría que Antonio continúe como presidente de Diputados de la provincia".

La decisión no será de suma cero. Bonfatti cosechó en las últimas elecciones legislativas más de 700 mil votos y tiene un porcentaje de conocimiento cercano al cien por ciento. Pero, a la vez, es el dirigente socialista de la primera línea que tiene el discurso más duro contra el gobierno nacional, algo que no se compadece con la relación de paz y amor que decidieron llevar adelante en los últimos meses el presidente de la Nación y Lifschitz.

Orden de prioridades.

En verdad, lo que molestaron al presidente del Partido Socialista y a Galassi fueron las declaraciones del ministro de Gobierno, Pablo Farias, quien le restó valor político a las elecciones a diputado nacional. "El gran desafío del Frente Progresista en las elecciones de 2017 es revalidar los gobiernos locales. No creo que sean fundamentales las nacionales, más allá de que parte del radicalismo va a ir por un lado y otra parte del Frente por otro. Lo fundamental es lo provincial, lo territorial y no lo nacional", dijo el funcionario en una entrevista.

Cerca de Bonfatti no ocultaron sorpresa. "Si cada sector interno va a hacer lo que se le ocurra —algunos radicales irán con Cambiemos, otros con nosotros o como UCR— y al gobierno nuestro no le importan las legislativas nacionales, ¿para qué iría Antonio a esa elección", dijo una fuente bonfattista.

Lo que aún flota por arriba de estas señales relativamente encriptadas es que la interna del socialismo aún se mantiene viva, aunque esta vez no sea blanqueada públicamente. Lifschitz sabe que el alineamiento detrás suyo llegará por la calidad y prepotencia de la gestión y no por un histórico affectio societatis. Por sobre todo, unos y otros deberán internalizar que no hay manteca para tirar al techo y que para mantenerse en el poder no les quedará otra que unificar discursos y acciones.

En la Casa Gris sostienen que no están para pensar en las elecciones, que hay mucho por hacer y que las prioridades del 2017 son la obra pública, la seguridad y la reforma constitucional.

Lifschitz decidirá por estas semanas avanzar en algunos temas que le permitan ganar la ofensiva en materia de reforma política para hacer atractiva la modificación de la Carta Magna que, tal como estaba antes de que se proponga la limitación de mandatos de legisladores y jueces de la Corte, no le interesaba más que a algunos académicos e integrantes del círculo rojo de la burocracia.

"En este primer semestre sólo pienso en la gestión. Bonfatti es el mejor candidato en términos competitivos que tenemos, pero supongo que él deberá evaluar si lo será o no", dijo ayer el gobernador Lifschitz a LaCapital.

Bonfatti extiende su período de reflexión acerca de su candidatura y lo propio sucede con el intendente de Santa Fe y presidente del radicalismo, José Corral.

Corral sabe, como el socialismo, que un paso en falso en el 2017 no será una nimiedad. Si se presenta a diputado nacional quedaría muy bien en la relación con el presidente y ordenaría la interna del PRO y de Cambiemos. Y si gana las elecciones su futuro estará muy cerca de la Casa Gris.

Sin embargo, decidir la candidatura implicará para Corral abandonar su tarea al frente del Ejecutivo, dejar la transición en manos del peronismo que conduce el Concejo de la capital provincial y asegurar el triunfo de un candidato propio. La abulia de la política santafesina es notoria: en esta misma columna se publicó hace varios meses que algunos querían que Mario Barletta se presente a concejal para luego pujar por la Municipalidad, si es que Corral renunciaba. Hoy esa versión sigue teniendo acólitos.

Así como el presidente de la UCR convocó a los socialistas a integrarse y competir en una gran interna, desde el PS algunos consideran que lo mejor para él sería postularse por adentro del Frente Progresista. "Si no es candidato, el PRO le va a pasar una factura y el gobierno nacional también. Nadie lo va a tratar como nosotros", sostiene, pícaro, un dirigente del socialismo.

En ese vector puntualizan que Lifschitz le cumplió a Corral con todas las promesas de campaña del Acuerdo Capital. "Hay más de cien obras nuestras en la ciudad de Santa Fe", revelan en el oficialismo provincial.

Pero, ayer, en la Casa Gris el zoom estaba puesto en la decisión de Macri de otorgarle 25 mil millones de pesos a María Eugenia Vidal, y justo en un año electoral. "En todas las reuniones que tenemos con los gobernadores nos prometen federalizar la administración de recursos y resulta que ahora salen con esto. Es la segunda vez: el año pasado le dieron 17 mil millones extras a la ciudad de Buenos Aires. Así no es", repiqueteaban.

Al fin, Dios está en todas partes, pero en los años de elecciones atiende en provincia de Buenos Aires.

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