Opinión
Lunes 24 de Julio de 2017

Cuidado con la gallina

Provincia en problemas. Al crimen de un policía en la capital santafesina, que proyectó el tema a nivel nacional, se suma la estrategia de campaña del socialismo: presionar a Macri por la deuda. ¿Y si sale mal?

La semana que pasó tuvo dos acontecimientos en la ciudad de Santa Fe con repercusión nacional uno y provincial el otro, que tendrán incidencias más tempranas que tardías. De uno saldrá fortalecido un ministro o no saldrá. Me refiero a la ejecución con más una docena de balazos que le dejaron más de una veintena de agujeros en el cuerpo al policía de la ciudad de Santa Fe que había denunciado connivencia entre los comisarios y los narcotraficantes: Pablo Cejas. El ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro, se apresuró de un modo tan poco sutil a despegar el crimen de las denuncias hechas por el muerto que sorprendió. No obstante quedó en falsa escuadra cuando a las pocas horas le preguntaron lo mismo al gobernador Miguel LIfschitz y su respuesta fue: "Hay que investigar y encontrar a sus responsables y conexiones y determinar si las denuncias que hizo tienen que ver con el homicidio". Para desazón del ministro, su par nacional, Patricia Bullrich, justo de visita en Santa Fe, vio luz y se subió al caso y, de paso, echó leña al fuego: "No es un buen mensaje que maten a un policía que denuncia". Las consecuencias inmediatas han sido que Santa Fe ahora se parece a la Rosario de no hace mucho; se habla de bandas de narcos organizadas, con nombres propios, armadas hasta los dientes, soldaditos, búnkeres de venta de droga que todos dicen saber dónde están, disputas de territorios… Es mi intención ocuparme de este caso el lunes próximo. Quizás para entonces habrán ocurrido hechos sorprendentes.

El restante disimula, ni más ni menos, la campaña electoral del oficialismo santafesino. Que, debo confesarlo, me ha sorprendido enormemente. Se trata, cuanto menos de una estrategia novedosa: mientras la campaña clásica sigue su curso con actos y discursos, afiches, debates y todos los ingredientes que les son propios y de los que hemos venido hablando acá; otra —¿la opción que le pensaron los estrategas de Lifschitz?—irrumpió en la escena de modo estelar, aplaudida por propios y ajenos, aunque enfureció a Mauricio Macri, al parecer el único en darse cuenta de inmediato de la trampa en la que lo había metido el santafesino.

El senador Omar Perotti, el hombre lúcido que le queda al PJ santafesino en los niveles de decisión, también lo advirtió en las últimas horas y salió a reclamar derecho de autoría compartida diciendo algo así como que quienes dieron los pasos primigenios, por tímidos que hayan sido, fueron gobernadores peronistas. Carlos Reutemann y Jorge Obeid, peronistas ambos, fueron a declarar a la Corte Suprema para respaldar la demanda del socialista Hermes Binner —esa fue su principal característica, la de ser quizás uno de los pocos socialistas sin pliegues— y desplegó el reclamo al que ahora Lifschitz busca exprimir electoralmente con gran habilidad. Pidió aplausos para sus antecesores del PJ y, obvio, para Binner, quien estaba de cuerpo presente.

En el Centro Cultural de la capital provincial, donde se presentó una oferta de facilidades para que la Nación le pague los 50 mil millones de pesos que le debe a la provincia por haberle retenido fondos indebidamente conforme lo ordenara la Corte Suprema de Justicia del país, estuvo atestado de políticos de todo color y pelaje —pero sobre todo, y esto es lo importante— de intendentes (con excepción de José Corral, quien horas antes habría escuchado por teléfono el enojo de Macri, pero mandó su secretario general) y presidentes comunales. A ellos, y principalmente a ellos, estuvo dirigido el acto en lo que para los estrategas electorales del socialismo les interesaba ese día. Y así me lo admitieron.

Obvio que si Lifschitz logra cobrar en plata o en bonos su golazo será olímpico. No habrá reforma constitucional que no alcance, ni furia bonfattista que se oponga o reelección que se le resista. Pero por aquello de que para llegar lejos hay que dar el primer paso y este se llama, precisamente, Paso; se deberá dar en un mes. Supongo que Saglione, que es el ministro de Economía, (deduzco yo pero no tengo la menor idea) le debe haber dicho a Lifschitz: cobrar esta plata la vamos a cobrar porque hay un fallo firme de la Corte. No sabemos cuándo, saquémosle todo el rédito posible. Y ese, por ahora, es electoral.

No se entiende si no que Lifschitz haya decidido destinar 15 mil millones (los único que le pide a Macri que por favor se los pague en efectivo) para repartir entre intendentes y presidentes comunales. A algunos se los vio el jueves en el lugar restregándose las manos y con los ojos brillosos de emoción como si les hubieran dicho que al salir pasaran por caja a cobrar.

Permítanme una digresión. Una cosa venía quedando clara. Macri no tenía (dudo que la tenga aún) ninguna intención de pagarle un peso al Estado santafesino. Menos en este año electoral. Así de simple. Los santafesinos sabían que las reuniones bipartitas eran de mero entretenimiento, para ganar tiempo y disuadir a que Santa Fe fuera otra vez a la Justicia. Sin embargo ese sería el desenlace. A Santa Fe no le quedaría más remedio que correr ante los supremos a quejarse porque el Estado nacional no cumplía con la orden que ellos habían emitido y no le aflojaron un centavo. Resultado: otro proceso en la Corte hasta llegar a otro procedimiento que desembocaría en una negociación como la que se estancó (sin que hasta entonces hubiese ido muy lejos) a fin de 2016 cuando se cambió al ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, por Nicolás Dujovne. Hay otro dato que se tuvo en cuenta, Córdoba volvió a los estrados judiciales por la deuda. O sea, los santafesinos pusieron las barbas en remojo y buscaron una alternativa.

Y, tengo que decirlo aunque después mis amigos peronistas me digan que parezco un socialista, más allá de cómo termine resultando, la originalidad de la cosa está fuera discusión.

El colega Jorge Salum, de este diario, escribió el jueves 13 —es decir una semana antes de que se hiciera el acto en elCentro Cultural Paco Urondo de la ciudad de Santa Fe— una nota de precisión impecable sobre cómo se destinarían los 15 mil millones que Lifschitz le pedía a Macri que le pagara de inmediato y en efectivo: "A Rosario llegarían algo más 2.115 millones de pesos y a la ciudad de Santa Fe casi 800 millones. La que menos recibiría es Colonia Iturraspe, un paraje mínimo ubicado sobre la ruta 65: le tocaría casi un millón de pesos". En esa nota estaba ciudad por ciudad, localidad por localidad, pueblo por pueblo. Sus autoridades cuando su semana después recibieron la invitación para ir al acto en que se supone (recién ahí) se haría pública la oferta corrieron a cepillar sus trajes. No fuera a ser que terminara siendo cierto y algo de todo ese dinero les terminara llegando. No llama la atención que hayan colmado el lugar ni que hayan aplaudido el discurso del gobernador con verdaderas ganas. Lifschitz ese día se dio el gusto de que lo aplaudiesen socialistas, peronistas, radicales, demoprogresistas, izquierdistas, derechistas, vecinalistas, y cuantos istas tiene la política vernácula.

Claro que hay un problema. ¿Siempre hay un problema, no, lector? Y si no, ¿que sería la vida? El presidente Mauricio Macri comprendió que esa ovación —en la que batieron palmas muchos PRO como el diputado y candidato Luciano Laspina entre otros muchos— que ensanchó al mandatario santafesino a más no poder, quedó entrampado: si a las ciudades, comunas y pueblos santafesinos no llega algo de estos fondos no será por la gestión socialista sino por la indiferencia de un gobierno nacional que no sólo incumple un fallo judicial sino que también se muestra insensible a las necesidades del interior.

El problema es que parece que se peló la gallina antes de retorcerle el cogote. Y al estar del enojo de Macri, pelada y todo la gallina todavía no está hecha caldo y puede escaparse.


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