Opinión
Martes 10 de Octubre de 2017

Crimen sin castigo

¿Cómo alguien puede disparar once veces una pistola calibre 9 milímetros "sin querer"? ¿Cómo se explica que ante un solo disparo de arma de fuego, en respuesta haya 50 balazos pero a otra persona y no al atacante, y esta respuesta no sea un intento claro de ultimar a quien se dispara?

¿Cómo alguien puede disparar once veces una pistola calibre 9 milímetros "sin querer"? ¿Cómo se explica que ante un solo disparo de arma de fuego, en respuesta haya 50 balazos pero a otra persona y no al atacante, y esta respuesta no sea un intento claro de ultimar a quien se dispara? El fallo, rayano en la impunidad, respecto de los policías juzgados por el asesinato de Jonathan Herrera no tiene lógica y es injusto. El error judicial de la sentencia de los jueces Curto, Svala y Alarcón generó una injusticia porque estos magistrados actuaron con clemencia para con los acusados; la decisión mayoritaria de la Cámara de Apelaciones es otra cosa. El voto de la camarista Georgina De Petris y la cómoda adhesión de la camarista Alonso constituye una verdadera afrenta a la Justicia, pero también a la esperanza. Son estas las decisiones emanadas del Poder Judicial que generan en la gente no sólo el descreimiento sino el desprecio por todo el sistema y sus operadores. Posiciones como las de las magistradas mencionadas son las que fomentan la anomia de los ciudadanos y la convicción de estos de que las sentencias están amañadas, dictadas por jueces pusilánimes, no sapientes y cobardes.

Decir de quien disparó 11 veces a un cuerpo inerme e inerte que "bien pudo equivocar su objetivo" (del voto de De Petris) o calificar la conducta del homicida como "imperita, irreflexiva, excesiva" y pretender que existió en el matador el "elemento subjetivo de la culpa" (del mismo voto) implica tomarle el pelo a los deudos y a la memoria de la víctima. Da la impresión de que uno y otra sentenciante hubieran analizado causas distintas, hubieran estado en audiencias distintas y hasta en salas distintas.

Basta leer el otro voto: el de Javier Beltramone, que ni siquiera dispone una condena por delito doloso del matador pero que ordena un nuevo fallo ajustado a derecho. En este voto la descripción de los hechos tiene un rigor y un detalle que se torna incontrastable, y que hace aparecer al voto de De Petris como algo ficcional, carente de sustento fáctico. Pero además el voto de Beltramone deja establecido por qué no puede hablarse nunca de culpa y sí de dolo en el accionar del matador de Herrera. Pero hay algo más valioso que la sustancia en el voto de Beltramone, y es precisamente su autor. El no es un juez "garantista", sino uno duro, severo, pero con cierto bagaje de sapiencia jurídica y de capacidad de análisis de los hechos y el derecho como para no caer en el disparate y la injusticia. Y además Beltramone ha sabido honrar el compromiso de "afianzar la Justicia" del que tan lejos está lo resuelto por la mayoría que integran De Petris y Alonso.

Queda la instancia extraordinaria —a la que seguramente concurrirán las querellas, y sería inconcebible que no lo hiciera el Ministerio Público de la Acusación— ante la Corte Suprema de Justicia, que en este caso deberá ser más suprema y más justa que nunca.

Gustavo Feldman

Abogado

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