Opinión
Jueves 13 de Abril de 2017

Crear dos, tres, muchas Vidal

Claves. Ahora que muchos en el gobierno descubren que no todo se reduce a las redes sociales y a las fotos armadas, crece la influencia de la gobernadora bonaerense y de Carrió como factores electorales.

"Yo te daré, te daré patria hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con V: Vidal". Parafraseando —con pura ironía, claro está— a aquellos cánticos peronistas altri tempi, el PRO podría ir redescubriendo melodías callejeras, ahora que sus popes han tomado nota, tras la marcha del #1A, de que no todo se reduce a un like, un fav o una foto armada tomando mate con una vecina de barrio Ludueña.

Por imperio de las circunstancias, no hubiera habido Macri presidente sin Vidal gobernadora. La mujer estuvo en la campaña bonaerense de 2015 como Burruchaga en el Mundial de 1986: en el lugar justo, en el momento indicado. Los dos hicieron los goles de los triunfos.

La gobernadora bonaerense va construyendo un relato con algunas semejanzas pero muchas diferencias respecto de Macri. Ese liderazgo frío del presidente de la Nación, poco sentimental, cargado de frases estrambóticas para un líder popular ("sin choripán ni colectivos", "aquel que tiene que caer en la escuela pública"), se contrapone, al menos en lo que intenta el relato bonaerense, con Vidal enfundada en ponchos, comiendo hamburguesas en un McDonald's barrial o dándole besos a Duhalde, Rico y Mario Ishii. Cambiamos, pero no tanto, dice la gestualidad de María Eugenia.

Vidal le dio a Cambiemos el triunfo en la previa derrotando al peor de todos, al candidato visibilizado de la peor manera, con el apodo de "la Morsa", acusado de vínculos con el narcotráfico. Hasta en misa de 11 en las parroquias bonaerenses, los curas hicieron campaña por Vidal. Y Vidal produjo el milagro de derrotar al peronismo en su bastión. En su cancha y en su cara. La consigna, ahora, es crear una, dos, tres, muchas Vidal. Máxime tras haber ganado la insoportable puja con los sindicalistas docentes, encabezados por Roberto Baradel.

El "efecto Binner-Bonfatti"

Ahora, es Vidal y sólo Vidal la que le puede insuflar otra victoria a Cambiemos, que anda de mal en peor en el conurbano, y que no logra que el "cambio cultural" que propone el gobierno nacional se introduzca en los cordones más populosos del Gran Buenos Aires. Hasta tal punto confían en Vidal que ya se habla de que el candidato a senador nacional sea Esteban Bullrich, quien tiene poco más que cero de conocimiento popular. Es que la candidata que no estará en la lista será la gobernadora. Como lo fue Hermes Binner con Antonio Bonfatti, en 2011.

En octubre, con la mitad de los mandatos a punto de transcurrir, el futuro de Macri y de Cambiemos se resuelve en las elecciones en la provincia de Buenos Aires. Y para ganarlas, como no alcanza con la imagen de Heidi, Vidal debe ser convertida en otra cosa a la hora del relato. Y ahí está la gobernadora pidiendo a los sindicalistas que muestren sus credenciales. Como dijo el sociólogo Luis Costa, en una entrevista con LaCapital, Vidal les solicitó a los sindicatos que digan que son kirchneristas, antes de cerrar cualquier negociación.

Sin embargo, para los que creen que el futuro de Cambiemos en el poder estará escindido entre Macri y Vidal, la realidad futura pasará por otro lado. A la hora de definir si el presidente de la Nación tendrá otros cuatro años, la responsabilidad será enteramente suya. Si es que Vidal, o quien fuere, ansían convertirse en sucesores de Macri, será el actual jefe del Estado quien traccione. Ahora, en lo inmediato, en octubre, se juegan otras cosas, y es la provincia de Buenos Aires la madre de todas las batallas.

Otra contradicción que sobresale en la estética presuntamente despolitizada del oficialismo es la influencia de Elisa Carrió, tan lejos de las biblias de campaña de Jaime Durán Barba como Rosario de Alaska. Sin embargo, la bajada de Martín Lusteau a la política porteña torna casi imprescindible a Lilita como candidata, si es que el PRO no quiere sufrir como hace dos años.

En realidad, Cambiemos se extenderá hasta que Lilita diga «nos vamos». En esa geografía de CEO's, empresarios amigos de Macri y personajes por el estilo, Carrió introduce sus imperativos morales y le sirve al gobierno como blindaje de la honestidad en la política.

Es un escenario parecido a lo que Néstor Kirchner hizo con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, cuando éstas gozaban de credibilidad pública. A diferencia de ello, debe decirse que Lilita no se dejará cooptar tan fácilmente ni terminará defendiendo causas indefendibles desde lo ético.

Carrió le bajó al presidente la candidatura de su primo Jorge en provincia de Buenos Aires y le complica la relación con la Corte Suprema por las constantes y renovadas denuncias al rafaelino Ricardo Lorenzetti, la gran ballena blanca que la chaqueña quiere perforar. Nadie puede asegurar cómo terminará esa historia a tres bandas.

Desde hace bastantes semanas se insiste en esta columna que, tal vez por segunda vez, haya un voto importante en los comicios de medio mandato que no tenga en cuenta la realidad económica del país, que sigue siendo mala para los bolsillos de los asalariados. Los precios de las cosas siguen muy altos y las mejorías en algunos índices tardarán mucho tiempo en hacerse notar en el consumo popular. Sin embargo, hay todo un contexto que parece dispuesto a darle un voto de confianza a Cambiemos en la tirria permanente contra el kirchnerismo.

Algunos dirigentes y gobernadores del PJ comienzan a advertir que la ofensiva y el cambio de época podrían afectar no sólo al kirchnerismo: el peronismo es el que está en riesgo, dicen. Pero este será tema para otra columna.

Hoy, en esta Argentina tan repleta de intolerancia, son dos mujeres las que planean sobre el resto de la clase política: Vidal y Carrió. Nadie lo hubiera pensado hace algún tiempo atrás.

La oposición deberá construir sus propios brotes verdes si quiere terminar con el macrismo en octubre de 2017.

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