Opinión
Viernes 01 de Septiembre de 2017

Civilización o barbarie

Veredicto. La condena al mecánico que atropelló y mató a un joven enfureció a los familiares de la víctima. Un profesional reivindica el fallo del tribunal y califica de absurdo el planteo de los fiscales.

El miércoles pasado los jueces Raquel Cosgaya, Gustavo Pérez Urrechu y Rodolfo Zvala emitieron el fallo condenatorio del mecánico que embistió con un auto que estaba probando a una moto a más de cien kilómetros por hora, matando a su conductor. La condena fue a cinco años de prisión de cumplimiento efectivo, calificando el hecho como homicidio culposo.

Lo novedoso del caso fue que los fiscales, la doctora Valeria Piazza Iglesias y el doctor Florentino Malaponte, plantearon que se trataba de un homicidio doloso —con dolo eventual— y solicitaron una pena de 10 años de prisión, por ende de ejecución efectiva; mientras que la defensa —como es de rigor— pidió la absolución del imputado o en su defecto el monto mínimo de pena por homicidio culposo.

Tuve oportunidad de ver dos o tres audiencias y estuve en la sala cuando se leyó el fallo.

El accionar culposo es aquel caracterizado por la torpeza, la falta de cuidado o de diligencia del autor, y también el obrar temerario, es decir aquel falto de todo cuidado; mientras que el dolo se caracteriza por la intención de llevar adelante determinada conducta, es decir hacer o intentar hacer lo que se quiere hacer, lo que se ha perseguido hacer. Lo que en Derecho Penal se llama dolo directo es una intención predeterminada y no aquella que surge imprevistamente.

El dolo eventual, como el adjetivo lo indica, es la intención que puede aparecer o no en la mente de autor. Un ejemplo: quien con una ganzúa entra a una casa y sustrae elementos, y antes ha esperado que anochezca, actúa con dolo directo. Aquel que pasa por la puerta de una casa y al verla entreabierta se detiene, ingresa y sustrae algo, actúa con dolo eventual. Pero el dolo —directo o eventual— es siempre intención, propósito; nunca negligencia, descuido o temeridad.

Seguramente el "strepitus fori" que ha causado el caso conmocionó el ánimo de los fiscales, a punto tal de verse superada la honestidad intelectual que a ambos les conozco; derivando en un planteo del caso verdaderamente absurdo e injusto como es que el acusado había actuado con dolo eventual.

Afortunadamente, sobre todo para el imputado, pero también para toda la sociedad, esto no ocurrió ni con la psique ni con la emoción de los jueces que condenaron como debían condenar. La norma o pauta constitucional o legal que debe seguirse es la que a uno no le gusta; o dicho de otra forma: aquella cuya aplicación causara rechazo y repudio.

No había forma de arribar a un fallo justo teniendo a la brutal actitud del conductor como dolosa, por antipático que fuere. Es impensable atribuirle intención de matar aun a aquel que tiene una conducta criminalmente temeraria como para conducir por una arteria urbana a cien kilómetros por hora; aunque se cambie el léxico y en vez de hablar de "accidente de tránsito" se hable de "siniestro vial".

El apego irrestricto de los jueces a las pautas liminares de convivencia que se encuentran en las normas jurídicas es lo que distingue la civilización de la barbarie, el Estado de Derecho del punitivismo demagógico.

Gustavo Feldman

Abogado

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