Opinión
Sábado 16 de Septiembre de 2017

Cineasta

El primer cineasta que conocí fue Fernando Birri. Llegando a la década del '60 la Región Rosario mas la Región Litoral estallaba de ideas.

El primer cineasta que conocí fue Fernando Birri. Llegando a la década del ’60 la Región Rosario mas la Región Litoral estallaba de ideas. Participé del primer casting (lo llamaban selección de actores) para la película “Los inundados”. Ya había pulverizado el mundo idílico del cine de teléfono blanco con un corto demoledor: “Tiredié” con los pibes que pedían esa monedita al costado de una vía férrea enclenque y unos puentes escuálidos donde los pibes, verdaderamente enclenques y escuálidos, corrían pidiendo al tren que seguía su lenta marcha esa mínima ofrenda a su hambruna. Una alegoría que aún hoy recuerdo y estremece.

La UNL (Universidad del Litoral) tenía cine, productora discográfica, editorial y reunía cerebros desde Paraná a Rosario, pasando por Santa Fe. Los militares en 1966 decidieron su muerte. La mitad santafesina se quedó hasta con una radioemisora AM, Paraná con poco y Rosario se creyó la viva de la película. Fueron colaboradores rosarinos los que propiciaron ese descuartizamiento. UNER, UNL y UNR. Todo junto eran un grueso monobloc educativo, de ideas, de juventud y por tanto de peligro. Así lo veían aquellos militares a los jóvenes y al pensamiento. Fernando Birri fue un fenómeno del neorrealismo tardío y lo suyo como creador de una capacidad docente insuperable. Birri sembraba.

El segundo cineasta que conocí fue el Buddy Bejo. Miguel Bejo aparecía por Rosario sobre aquellos años, anteriores a todo, por un incipiente centro de cine y cuando conseguían dinero para un rollo de película virgen se filmaba algo con urgencia y, con ruegos y deudas, se mandaba a revelar. Buddy sembraba. Bejo haría, después, dos películas. “Toda la familia reunida esperando la llegada de Hallowyn”. De terror. Antes que el terror fue el negocio que es hoy. Y “Beto Nervio contra el poder de las tinieblas”, alegoría y homenaje a Vito Nervio, al ilustrador Breccia y el comics antes que esto se convirtiese (también) en un fenomenal negocio. No las filmó en Rosario.

Aquí, después de su estela inspiradora, se filmaron varios rollos de “El venusino”. Terror y ciencia ficción. Sobre el paredón de la Yerbatera Martin el flaco Renard, pintado de plateado, era filmado caminando. Venía a instalarse en Rosario. Desde Venus. Juan Carlos Caride productor. Nunca se terminó.

Amábamos a Jean Gabin, Puerta de Lilas y Jean Marais, tan igual (en todo/todo) a nuestro Alfredo Alcón que a veces pienso en la doble carnadura. Sabíamos de Cocteau y Buñuel, de Leopoldo Torres Ríos y Hugo del Carril, claro está. Esperábamos cineastas.

Todos teníamos un guión en la mesa de luz soñando que lo pidiesen. Lo ofertábamos. Cuando desapareció ese paredón del costado de la yerbatera algo se fue y el resto aguantó un tiempo, pero se fue definitivamente cuando desapareció el paredón de calle Junín. Hoy el cine es sencillo. Maíz pororó comprado por quintales y vendido en paquetes de 50 gramos. Los cineastas no siembran esas cosas.

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