Opinión
Domingo 21 de Mayo de 2017

Barquitos de papel

La nena corría a los saltitos, como si esquivara una soga imaginaria, unos metros delante de su madre, que empujaba un cochecito con un bebé por la vereda norte de Mendoza a 1000.

La nena corría a los saltitos, como si esquivara una soga imaginaria, unos metros delante de su madre, que empujaba un cochecito con un bebé por la vereda norte de Mendoza a 1000. De pronto se les aparejó un hombre de unos 70 años, bien vestido, con sombrero de fieltro, y del bolsillo interior izquierdo de un sacón oscuro sacó dos barquitos de papel prolijamente plegados, uno negro brillante y otro blanco, hechos evidentemente con páginas de alguna revista. La nena, de unos cinco años, se paró alarmada y empezó a buscar los ojos de la madre como preguntándole que hacía. La mujer, joven, la animó a aceptar el regalo.

El hombre se alejó con una sonrisa dibujada en la cara mientras la mujer desplegaba los barquitos y le explicaba a la nena cómo tenía que jugar con uno de los tantos juguetes desplazados por las tablets y los celulares.

La imagen mostró una cara de la ciudad que se resiste a desaparecer. Alguien que con nada, eso es una hoja de una revista leída y releída, fue capaz de causar asombro y alegría a un chico que quizás no conocía. Es más común ver a alguien que les da trocitos de pan a las palomas. Pero regalar barquitos de papel es novedoso.

Recuerda a jubilados que llenaban las horas vacías haciendo barriletes con papel de diario que después le regalaban a los pibes del barrio, camioncitos con maderitas y corchos, o a las mujeres que fabricaban interminables guirnaldas de colores para colgar entre los árboles de a cuadra para las fiestas de fin de año.

Por lo que se ve, aunque poco, esos chispazos muestran una Rosario que los embotellamientos, los bocinazos y los colectivos ruidosos no logran matar.

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