Opinión
Sábado 20 de Mayo de 2017

Bálsamo nocturno

La pareja estaba muy junta en uno de los sillones enfrentados del bar de una estación de servicio del centro.

La pareja estaba muy junta en uno de los sillones enfrentados del bar de una estación de servicio del centro. El hombre había pasado largamente los 40 y la mujer que lo acompañaba también, aunque aparentaba ser más joven. Hablaban en murmullos que le habían instalado al hombre una sonrisa plácida, mansa. En el lugar estaba el pibe que atendía la caja y hacía los cafés, y alguien más, pero para la pareja hubiese dado lo mismo que estuviesen acompañados por decenas de hinchas de fútbol, tan poderoso era el cosmos que los encerraba.

Corrían los primeros días de este mayo extraño, suave y apacible que regala el calentamiento global, porque aún está lejos el verano con su prepotente violencia.

Sus figuras acurrucadas se reflejaban en todos los vidrios del bar, que semeja el cuadro de Edward Hooper, "Nighthawks", aunque sin esa atmósfera desangelada que plasmó el estadounidense.

Ellos dos eran todo, todos, lo demás sobraba. De pronto, se levantaron y se fueron, caminando juntos, con parsimonia, con pasos cortos, agarrados de la mano, pegados.

Los dos eran bajos pero la mujer un poco más. Estaban vestidos de negro, con ese tipo de ropa que no tiene ninguna otra pretensión que cubrir los cuerpos.

Caminaron una cuadra y se separaron. El hombre dobló a la izquierda y la mujer a la derecha. Sus figuras de negro fueron haciéndose más chiquitas, hasta desaparecer.

En el rincón vidriado del bar quedaron flotando sus sonrisas recatadas y cómplices de un momento feliz que fue capaz de borrar quién sabe qué desventuras, qué cachetazos de la vida que con ese romance otoñal les da una revancha magnífica.

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