Opinión
Sábado 08 de Abril de 2017

Aspirinas

Como sea, ahora se descubrió que la aspirina está lejos de ser un cosa moderna ya que en los dientes de un neandertal adolescente se hallaron rastros de corteza de álamo, que tiene ácido salicílico.

Sobre el ácido acetilsalicílico se han escrito ríos de tinta atribuyéndole propiedades milagrosas para el corazón y otros males, cuestiones que, a veces, dividen a la comunidad médica, de tal modo que algunos lo recetan con entusiasmo, otros lo desaconsejan y hay quienes tienen in péctore (ja, remembranzas del Calo') una pregunta que carcome siempre a Mirtha, ¿lo digo o no lo digo?

Como sea, ahora se descubrió que la aspirina está lejos de ser un cosa moderna ya que en los dientes de un neandertal adolescente se hallaron rastros de corteza de álamo, que tiene ácido salicílico. Lo que demuestra que no es verdad que la historia empieza con cada uno que recién llega. Y así se puede caer en la cuenta de que los pantalones bombilla ya lo usaban los guapos del 900, igual que los funyi, y que la moda de los tatuajes tenía aceptación en los círculos patibularios desde antes que empezara a sonar el tango, por ejemplo, porque en Rosario, alguna vez, las milongas fueron muy populares.

No importa lo que pase, el tiempo es circular. Por las calles del microcentro aparecen los durmientes de quebracho de los primeros tramways tirados a caballo cuyos constructores pensaron que iban a quedar por siglos, hasta que una pala mecánica los desenterró y no dejó ni vestigios, y lo mismo habrá de pasar con los tan prolijos adoquines de cemento que vuelven a colonizar las calles de la city.

Fantástico.

Pero la aspirina se mantiene inoxidable a las vueltas de la vida. Y así, si alguien dice que le duele la cabeza, una pierna, se le cae el pelo, tiene mal de amores, dolores por la artrosis, o que las flores del jarrón están tristes, escuchará la misma respuesta: tomáte una aspirina.

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