Santiago Maldonado
Martes 05 de Septiembre de 2017

Ángeles y demonios

La autora considera necesario abordar el tema de la desaparición de Santiago Maldonado en las escuelas del país.

Tremenda tarea tienen la escuela y sus docentes de educar todo el tiempo contra la corriente. Enseñan sobre normas básicas de convivencia, y apenas los chicos traspasan los límites de las puertas de la escuela se encuentran con un paisaje repetido de caos de tránsito, donde abundan los insultos. Se les habla del cuidado del ambiente para una vida saludable y los alumnos viven en barrios rodeados por basurales. Se les explica a los más jóvenes el valor de la participación para la vida democrática pero se los castiga cuando se organizan en centros de estudiantes o dan su opinión sobre la educación que quieren. Se enseñan los derechos universales del hombre, el respeto por la vida, pero se hostiga a los maestros cuando se comprometen con la realidad, como pasa con quienes no dejan fuera de sus clases la pregunta ¿Dónde está Santiago Maldonado?

Se enseña en la escuela a valorar la diferencia, la diversidad cultural y en pocos segundos las declaraciones oficiales de quienes gobiernan tiran abajo semejante tarea, o al menos la contradicen a todas luces. Habían pasado pocos días de la desaparición forzada, en manos de la Gendarmería Nacional, de Santiago Maldonado cuando la ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bullrich declaró que "de ninguna manera iba a permitir una república Mapuche en la Argentina". Qué es sino un manifiesto desprecio por nuestros pueblos originarios, además de una expresión de autoritarismo.

Diez "equipos de educadores" de distintas provincias del país fueron reconocidos ayer por el presidente de la Nación Mauricio Macri y el ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro, con el premio Maestros Argentinos 2017. Según la convocatoria, el premio "forma parte de una política integral para la docencia que tiene como uno de sus principios rectores la valoración de los docentes, a través del fortalecimiento de su motivación, sus prácticas de enseñanza y del trabajo colaborativo".

A pocas horas de haber endemoniado a las docentes de todo el país por hablar en las aulas -cumpliendo con los principios de la ley de educación nacional 26.206- sobre la desaparición forzada de Santiago Maldonado, llega el Premio Maestros Argentinos. La situación es de tanta perversidad que bien puede equipararse a lo que padecen las víctimas de la violencia machista. Nada descabellado de pensar si se tiene en cuenta que el magisterio es mayoritariamente de mujeres.

La afirmación reconoce antecedentes claros. El ex ministro de Educación de la Nación Esteban Bullrich apenas asumido declaraba que iba propiciar una ley que penalice a quienes agredan a la docencia. Al primer reclamo del magisterio organizado _para que se cumpla con la ley de paritaria y por mayor financiamiento educativo_ mandó la policía a reprimirlos.

Además de reclamar calidad educativa y al mismo tiempo mostrar un nivel de ignorancia preocupante con sus declaraciones: atribuir el genocidio nazi a "la falta de diálogo" no puede ser otra cosa. "Ella tenía sueños, sabía lo que quería, escribía sobre lo que quería y esos sueños quedaron truncos, en gran parte por una dirigencia que no fue capaz de unir y llevar paz a un mundo que promovía la intolerancia", expresó Bullrich inmutable en marzo pasado en Amsterdam, en la casa de Ana Frank.

Su sucesor, Alejando Finocchiaro, sigue la línea de Bullrich de desconocer la paritaria nacional (contemplada en la ley nacional 26.075) y le suma la intención manifiesta de dejar afuera al magisterio de la discusión de los contenidos. "El Estado tiene que recuperar la capacidad de dictar las políticas públicas en educación, que se la apropiaron los gremios. Si el Estado decide cambiar la currícula no debe consultarlo con los gremios como se hace hoy" (Clarín, 27 de julio), declaró apenas asumió su cargo.

Y para tal meta hace falta descalificarlos públicamente. De eso se encargó toda la semana pasada maltratándolos públicamente y quitándoles autoridad para enseñar sobre democracia, participación y derechos humanos.

Mientras los educadores enseñan sobre la libertad de expresión, de reclamar y peticionar establecidas en la Constitución nacional, el gobierno nacional de Cambiemos manda a gendarmes y policías de todos los colores (incluso de civil) a reprimir y encarcelar a quienes se manifiestan.

Nada de lo que pasa en las aulas es un camino de ángeles y rosas donde se enseña a leer y a sumar como si el mundo no existiera. Quien explica una y otra vez esta idea de cómo todo el tiempo la escuela y sus docentes están educando contra la corriente es el educador español Miguel Angel Santos Guerra. Habla de las dimensiones críticas y éticas del oficio de educar y remarca ese desafío cotidiano que tiene de pelearle todo el tiempo a la doble moral: "Mientras las escuelas promueven los valores de la solidaridad y el compromiso, desde otros ámbitos ocurre todo lo contrario. Individualismo, competitividad, obsesión por la eficacia, relativismo moral, privatización de bienes y servicios, olvido de los desfavorecidos, hipertrofia de la imagen, imperio de las leyes del mercado…presupuestos que contradicen postulados básicos de la educación; porque la educación consiste en el desarrollo de la solidaridad, la compasión, el respeto a la dignidad humana, la atención a los procesos, la preocupación por los valores…"

¿Cómo no preguntarse entonces por la vida de un joven desaparecido en democracia? ¿Cómo dejar a Santiago Maldonado fuera de las escuelas? No llevar estas preguntas a la educación es también una decisión política y pretenciosa de una imposible enseñanza neutra.

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