Opinión
Domingo 05 de Marzo de 2017

Actuaciones

Los actores pueden encarnar arrojados héroes, torturados pensadores, salvadores de la humanidad, gladiadores romanos, visitantes del futuro.

Deben, o deberían estar entre las personas más felices, más plenas porque su profesión los lleva a ser muchísimas cosas. Los actores pueden encarnar arrojados héroes, torturados pensadores, salvadores de la humanidad, gladiadores romanos, visitantes del futuro. Pueden ser tantas cosas como su arte les permita. Pueden saltar de siglo en siglo sin transición y a través de sus personajes, revivir diversas épocas.
Fantástico. Apenas en el tiempo en que alguien piense en ellos, tienen la posibilidad de ser el capitán de un barco en medio de tenebrosa tormenta, de pilotear un avión en la Segunda Guerra, interpretar al bombero que soñó ser de chico, o el loco de la cuadra en alguna comedia, ser pareja de la más linda (o del galán) y así hasta el infinito y más allá.
Son únicos, elegidos que tienen al alcance de la mano vivir muchas vidas distintas, gozar de aventuras que apenas imaginaron leyendo a Julio Verne o Emilio Salgari.
O quizás no son tan exclusivos, en el fárrago del transcurso de los días cada quien asume un personaje, el del tipo inconmovible, el del guapo que oculta sus miedos, el del solidario. No es que se transite un cinismo o una hipocresía excluyente, pasa que se elige marcar algunas características que ya están incorporadas para manejar la resolución de distintas situaciones de cariz conflictivo, o para ahuyentarlas.
Pero también están los que integran esa franja extensa, mayoritaria, los que asumen la bondad como la mejor moneda de pago y al terminar la jornada, a veces, quedan contentos como el protagonista de una puesta que llevó a cabo un prodigioso diálogo después de trabajar como un perro en el personaje.

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