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Lunes, 09 de julio de 2012  01:00

Lo que dejó la ONU, un Río - 20

Era una sospecha, sin embargo el tiempo venía para irse. Luego, era más que una sospecha, y la incertidumbre se iba desdibujando, para empezar a ventilar certeza. Esta pasó a ser una confirmación, que parecía increíble: la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible de Río 20 de los días 20 a 22 junio de 2012, se había convertido en Río — 20.

Por Ignacio Aníbal Faccendini (*)

Era una sospecha, sin embargo el tiempo venía para irse. Luego, era más que una sospecha, y la incertidumbre se iba desdibujando, para empezar a ventilar certeza. Esta pasó a ser una confirmación, que parecía increíble: la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible de Río 20 de los días 20 a 22 junio de 2012, se había convertido en Río — 20.

Los ecos de las conferencias de Estocolmo de 1972 y la sustancial e importantísima de Río 92 quedaban enmudecidos. ¿Será el eterno retorno nietzscheano de volver a antes de 1992? o ¿será la repeticencia excepcional hegeliana de la historia?, o peor, ¿será el avance regresivo de la humanidad en la historia catástrofe de Benjamin?

Las respuestas son más complejas que la certidumbre de nuestro desencanto. Desde la Cátedra del Agua de la Facultad de Ciencia Política y RR.II. (UNR) hemos elaborado respuestas y diferenciaciones aproximadas a lo antes dicho, aprovechando asimismo que hemos tenido la oportunidad de disertar e intervenir en la Cumbre de los Pueblos, como también en la Conferencia de Naciones Unidas, ambas acontecieron simultáneamente en el proceso de Río. Todo ello nos permitió realizar un análisis desde la interioridad, la exterioridad y comparar ambos acontecimientos.

La Cumbre de los Pueblos y dentro de ella el Pabellón Azul (Agua) fue un espacio que hizo de Río, un 20. Era un ámbito altamente positivo, creativo, innovador, autoral, diverso y profundamente democrático. Un lugar de la sociedad civil mundial: la suma del conocimiento académico y popular. Saberes insurgentes y desafiantes, con la transformación como norte y la generosidad, la justicia social y ambiental como base. El documento final de la Cumbre es una defensa de los bienes comunes en contra de la comercialización de la vida que propone la "economía verde" de la ONU. También promueve una nueva ética sustentable respecto al consumo y a la naturaleza. En definitiva propone una nueva cultura del vivir bien con el ambiente, promoviendo los derechos humanos y los derechos sociales. Plantea asimismo que se puede vivir más allá del mercado y que la vida no es una mercancía y que debemos como comunidad internacional pregonar la asociación pública-pública. Esto es que el Estado es el principal responsable y garante del acceso a los bienes comunes como el agua como también para acceder a los derechos humanos y sociales. Para la financiación los países deberían cobrar una tasa a las transacciones financieras internacionales.

El documento también demanda un nuevo paradigma en la producción, distribución y consumo de productos. El bien común y la economía de los "comunes", es superior a la "economía verde". La economía disfrazada de "verde", es la mercantilización por otros medios de los espacios que quedan de la naturaleza. Necesitamos que la vida siga siendo del bien común. El agua, el aire, la tierra, el tiempo, la educación, la salud y otros bienes, pertenecen al bien común, son de todos y cada uno de la comunidad regional y mundial. No se pueden vender ni comprar.

El Pabellón Azul (Agua) en el que participamos muy activamente disertando y también elaborando el documento del agua y saneamiento, fue un ámbito que marcó científica y popularmente un gran camino téorico y práctico para la justicia social y ambiental. Fue toda una respuesta a las famélicas y escasas ideas de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sustentable. Así, en el marco de la Cátedra del Agua de la Facultad de Ciencia Política y RR.II. de la UNR, pudimos disertar y presentar el Pacto Público del Agua, junto a otros referentes. Se presentó también la red Rampedre, de la que formamos parte, y que se trata de una red on line de información, difusión y movilización sobre el acceso al derecho humano al agua y saneamiento.

También entre todos los actores elaboramos un documento para presentar. Nuestro documento recepciona el espíritu de los bienes comunes, en alteridad y rechazo a la "economía verde". El agua y el saneamiento está subrayado como derecho humano esencial y como bienes comunes e inalienables. El documento expresa asimismo la necesariedad de la creación de la Autoridad Mundial del Agua en el marco de la ONU, para que mediante funciones preventoras, de solidaridad y cooperación se eviten conflictos entre naciones por el agua y el saneamiento y que se constituya un Tribunal Internacional del Agua, para resolver los conflictos. También se ha establecido el 28 de julio Día Internacional del Derecho al Agua y Saneamiento (en homenaje al 28 de Julio de 2010 cuando declaró la ONU, al agua y al saneamiento como derecho humano esencial) y el día 31 de Octubre como Día Mundial del Agua. Dejando así de lado la fecha del 22 de Marzo.

En definitiva estamos sosteniendo un pacto de cambio social y justicia, donde se cambie la lógica depredadora, por ende de injusta acumulación y distribución de la riqueza . Se critica al consumismo porque produce pobreza. Donde hay consumismo alguien se queda sin comer. Nuestro planteo, de suyo, confronta contra la pretendida y encubierta mercantilización de la vida que sostiene la "economía verde".

La Conferencia sobre Desarrollo Sustentable de la ONU, estuvo sesgada por la crisis financiera de Europa y Estados Unidos. Es decir por sus urgencias de reactivación y superación de la recesión. Fueron los temas que influyeron directa e indirectamente. Ello sucedió, no obstante los esfuerzos de los países latinoamericanos, los de Africa y de Asia. La conferencia estuvo contextualizada también, por otras frustradas conferencias anteriores como las realizadas por el problema del cambio climático en el proceso pos-Kyoto. Así ocurrió con la de Copenhague en el 2009, Cancún en el 2010 y la tendencia siguió en Durban en el 2011, con un difuso compromiso para el 2020. Mientras tanto Estados Unidos y China siguen emitiendo respectivamente, 5.800 y 6.700 millones de toneladas de dióxido de carbono. Esta tendencia de no obtención de compromisos serios y ciertos, nos señala la lamentable incapacidad de Naciones Unidas de pensar en la vida. Esta frustración volvió a merodear en la Conferencia de la ONU en Río de Janeiro.

El documento final, que lo denominaron "El futuro que queremos", fue acordado por 193 países, estando presentes más de 100 presidentes y jefes de gobiernos. Consta de 265 parágrafos. Desde el inicio muestra todo el proceso. Abre la puerta a partir de la llamada "economía verde" a las inversiones privadas para mercantilizar la naturaleza. Estimulando así la alianza pública-privada. Este paradigma rigió en el neoliberalismo de los 90. Produciendo un devastador fracaso. El errático e incapaz neoliberalismo "verde" pretende aparecer ahora como la solución a los problemas ambientales actuales. Si es por ellos el documento ¿no tendría que haberse llamado "El futuro que vendemos"?

Bueno, no seamos tan escépticos. La ONU utiliza en el documento un tsunami de palabras para no comprometerse con el futuro, como tendría que haber sido con plazos y metas ciertas y concretas frente a la falta de acceso al agua y saneamiento como derecho humano esencial, también frente al hambre, la injusticia social y ambiental. Deja sin respuestas a 1.500 millones de personas sin acceso al agua, a 2.600 millones sin saneamiento y a 4000 niños que mueren en el mundo por día por falta de agua buena . El año 2050 reclamará lo suyo, cuando nueve mil millones de personas habiten la Tierra y casi más del 70 por ciento se encuentre en las ciudades.

Terminando podemos decir que la ONU nos dejó un Río-20. Pero quien puso agua para que no se secara, fue la Cumbre de los Pueblos y el Pabellón Azul del Agua.

(*) Disertante en Río 20. Profesor y Director de la

Cátedra del Agua (Facultad

C. Política y RR.II., UNR)

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