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La lanza

¿Qué es hoy un adolescente sin teléfono móvil? Nadie. Actualmente los ritos de pubertad se establecen con una variedad de cicatrices, púas de gomina en el pelo, tatuajes, piercings, con los que...

El tango y la memoria de los rosarinos

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Venecia sin ti

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El brigadier López, figura a reconocer

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Miércoles, 11 de julio de 2012  01:00 | Opinión

La partícula mal dicha

Creo en el método científico porque permite la autocrítica y rehúye la infalibilidad de otras creencias. Lo que hoy consensúa la comunidad científica se puede poner en duda mañana mismo. Eso, lejos de inquietarme, me parece una sabia aproximación a la vida entendida como combate de incertidumbres.

Por Màrius Serra / La Vanguardia, Barcelona

Creo en el método científico porque permite la autocrítica y rehúye la infalibilidad de otras creencias. Lo que hoy consensúa la comunidad científica se puede poner en duda mañana mismo. Eso, lejos de inquietarme, me parece una sabia aproximación a la vida entendida como combate de incertidumbres. No todos los científicos se rigen por su método. Son seres humanos y están tan sometidos a las contradicciones de la condición humana como los políticos, los artistas, los futbolistas o los escritores. Eso sí, antes confiaría mi vida a un científico que a un artista, a un futbolista o a un escritor (el político ni entra en la lista de posibilidades). Estos días el físico británico Peter Higgs ha sido entronizado por los medios de comunicación a raíz del descubrimiento de una minúscula partícula cuya dudosa existencia predijo hace medio siglo. En realidad en los sesenta Higgs formuló una teoría electromagnética que explica el origen de la masa de las partículas subatómicas, pero la detección del bosón de Higgs ha acaparado la atención de los medios, entre otras cosas porque, fuera del ámbito científico, es conocido con un nombre digno de Hollywood: "la partícula de Dios". ¡Sí, señor! Como nuestros físicos más preclaros (Wagensberg) y los mejores periodistas especializados (Corbella) ya han explicado de forma comprensible los aspectos científicos de la partícula, aquí nos concentraremos en los lingüísticos. Peter Higgs, que es ateo, dijo que le desagrada el uso del nombre de Dios (en vano), entre otras cosas porque puede ofender a los creyentes. Así pues, ¿qué pinta Dios en esta historia?

Dios entra en la teoría electromagnética en 1993, cuando el premio Nobel de Física León M. Lederman y el periodista especializado en ciencia Dick Teresi publican un libro divulgativo sobre las partículas desde Demócrito hasta la física cuántica, con un título llamativo: "The God particle: If the universe is the answer, what is the question?". La presencia divina en el nombre atrajo el interés de los medios y suscitó el rechazo de los científicos. Cuando le preguntaron a Lederman el porqué de Dios, él dio una respuesta con estrambote. La respuesta fue que la partícula en cuestión era crucial para poder entender la estructura de la materia. El estrambote que la editorial no les permitió titular The goddamn particle (traducible por "maldita partícula", "jodida partícula" o "partícula de los cojones") de tan difícil como era localizarla. Es decir, que la particulilla de las narices perdió el damn (maldecir) y se quedó con el god (dios) por un criterio editorial de corrección política y luego el chup-chup de los medios de comunicación hizo el resto. Amén.

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