Edición Impresa
Sábado 28 de Abril de 2012

Opinión: la memoria tiene un lugar en el aula

Soy docente de educación primaria y desde hace 6 años, cada 24 de marzo, la historia "me invita" a pensar y repensar junto a mis alumnos y alumnas este "trauma histórico" (como lo plantea Inés Dussel). Digo desde hace 6 años ya que, desde 2006, gracias a la decisión política del entonces presidente Néstor Kirchner, en todas las escuelas del país es obligatorio incorporar a la currícula el 24 de marzo como el Día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia.

Para ese entonces se renueva este desafío: ¿Cómo transmitir, enseñar a pensar y repensar este pasado reciente? Es para esa fecha que tomo el mismo disparador en el aula: "Pregunto e investigo en mi casa, en mi familia, en mi barrio: ¿Cómo se vivió el 24 de marzo de 1976? ¿Qué recuerdos se tienen de ese momento? Anoto todo lo que me cuenten así lo comparto en clase con mis compañeros/as".

La historia personal o familiar, el relato de "lo vivido" actúan aquí como claves emergentes que serán, como memoria individual, apenas la parte visible de un entramado de memorias de otros. Así es entonces como, al momento de compartir las historias familiares sobre la dictadura, "el aula" se convierte en una especie de escenario directo donde la memoria colectiva define identidades comunes para todos, puntos de referencia similares y, lo más importante, define la identificación con una comunidad: "Mi mamá se acuerda que en la época de los militares sus padres se ponían tristes cuando escuchaban lo que decían las noticias"; "Mi abuelo tenía un amigo que vivió en su casa un tiempo porque los militares lo perseguían, después se tuvo que ir del país y no volvió nunca más"; "La hermana de mi abuela está desaparecida"; "Mis vecinos me contaron que ellos vieron cuando los militares entraron a la casa de al lado". De esta manera la historia, siempre tercerizada, comienza a transformarse en mi historia, en la de mi familia. Un alumno de 5º grado me dijo este año: "Seño, entonces los militares fueron como unos hackers, porque ellos se apropiaron de algo que no les pertenecía, «se metieron» en el Estado, que en realidad somos todos y es de todos, y desde ahí empezaron a imponer y a mandar".

No se trata de "adaptar" la historia a la medida del receptor, sino de tratar de brindar la posibilidad de una verdadera apropiación. No hay recetas, ni fórmulas, ni "ciencia de la tragedia" para pensar y repensar la transmisión de esta historia. Sí hay docentes que debemos intentar aportar herramientas capaces de ayudar a la construcción de la subjetividad de nuestros alumnos y alumnas. Herramientas para crear ese vínculo tan necesario con nuestra historia.

Comentarios