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Viernes 23 de Septiembre de 2011

Opinión: El análisis del discurso

Mucho más preocupante que la derrota es la necedad: cualidad de necio. Necio: terco y porfiado en lo que hace o dice. Esta última es la definición más liviana de la palabra necio en el diccionario de la Real Academia Española. No importa tanto el resultado si se reconoce, acepta e internaliza. Pero para el técnico de Newell’s es todo lo contrario.

Mucho más preocupante que la derrota es la necedad: cualidad de necio. Necio: terco y porfiado en lo que hace o dice. Esta última es la definición más liviana de la palabra necio en el diccionario de la Real Academia Española. No importa tanto el resultado si se reconoce, acepta e internaliza. Pero para el técnico de Newell’s es todo lo contrario. Y allí, inmediatamente, comienzan los riesgos. Torrente es un gran laburante, un entrenador que está las 24 horas del día al servicio del fútbol, un técnico que busca soluciones a los defectos de su equipo todo el tiempo. Pero el miércoles a la noche volvió a pecar de necio: “Racing se lo queda por suerte y nosotros no lo pudimos empatar por falta de suerte”, resaltó insólitamente el DT rojinegro.

Dos apuntes: si lo dijo para sacarse el momento de encima, no hay problemas. Hasta es lógico. Es más, puede seguir haciéndolo. Si son declaraciones pour la gallerie, será obligación de la prensa tratar de interpretarlas y decodificarlas.

Nota. Según las costumbres: “El que habla pour la gallerie, expresa conceptos con el fin de provocar un efecto determinado ante un auditorio particular. El mismo orador, en otro contexto, vertería opiniones muy diferentes. Todos, de alguna forma, ajustamos lo que decimos según el público de turno, sólo que la aplicación de la frase de origen francés apunta a los casos en que el contraste del contenido del discurso es relevante. Decir algo pour la gallerie es mostrarse para la tribuna, elegir giros o ideas con un alto porcentaje de demagogia, es decir lo políticamente correcto. En la jerga callejera sería algo así como hablar para la gilada”.

Hasta ahí no hay problemas. El inconveniente es si Lucho está convencido. Si verdaderamente cree que a Newell’s le faltó suerte.

En ese caso debe irse. Porque su necedad no le deja ver la realidad. Y si sigue así, cuando arranque el Clausura tendrá que mirar más la tabla de los promedios que otra cosa. Y si zafa, para la próxima temporada será un enfermo terminal. El promedio se parece a la apendicitis. Si se lo toma a tiempo es de fácil resolución, de lo contrario, tiende a degenerar en peritonitis y otras complicaciones que pueden terminar en cualquier cosa. Y si no, que le pregunten a Central, al que la soberbia de sus dirigentes y entrenadores lo mandaron al descenso. ¿No le alcanza a Newell’s con levantar la vista y mirar lo que pasa en la vereda de enfrente? Parece que no. Mucho peor, se muestra resignado, sin capacidad de reacción.

El miércoles a la noche Newell’s pudo haber sido goleado en un puñado de minutos, pero para el técnico Racing ganó por suerte. Es un concepto que sólo puede mantenerse en el mano a mano de Sperduti con Saja en la agonía del partido; o el pelotazo que el Chino le sacó a Aquino. Dos en 90 minutos. También en el claro repliegue de Racing en el complemento para pararse de contra. Le dio la pelota a Newell’s, que no supo qué hacer.

Se insiste, si Torrente dijo lo que dijo para salir del paso, se acepta el recurso dialéctico. Pero si lo dijo convencido, debe irse. Porque nada ni nadie es más importante que Newell’s. Las comparaciones son, fueron y serán odiosas, pero cuando en Central aparecieron algunos personajes que se creyeron más que la institución, el club terminó en la B Nacional. Newell’s tiene la enorme fortuna de poder revertir el proceso.

Está a tiempo. Y vale oro.

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